amigo que está a su lado, quien
pareciera estar viendo lo que usted vio; pero al decir las
primeras palabras un abismo se abre entre ustedes, y se da cuenta de que este paisaje
significa algo totalmente diferente para él, de que está buscando una visión distinta y que no
le importa la inefable sugerencia que a usted le ha transportado. Incluso en sus pasatiempos
favoritos, ¿no ha habido siempre una atracción secreta que los demás curiosamente
ignoran, algo que está siempre al borde de revelarse a través de, pero que no debe ser
identificado con, el aroma de la leña cortada en el taller o el golpeteo del agua contra el
costado del bote? ¿No nacen todas las amistades perdurables en el momento en que
finalmente usted encuentra otro ser humano que tiene cierta vaga noción (pero tenue e
incierta incluso en el mejor de los casos) de ese algo que usted nació deseando, y que, bajo
el flujo de otros deseos en todos los silencios momentáneos entre las más fuertes pasiones,
noche y día, año tras año, desde la infancia hasta la vejez, usted está buscando, está
esperando, está atento a? Usted jamás lo ha tenido. Todas las cosas que alguna vez han
poseído su alma profundamente, han sido solamente insinuaciones —vistazos tentadores,
promesas nunca completamente realizadas, ecos que murieron al llegar al oído. Pero si se
llegara a manifestar realmente —si alguna vez llegara un eco que no muriese, sino que se
hinchara del sonido mismo— usted lo sabría. Sin lugar a dudas diría, "aquí está el objeto
para el cual fui hecho". No nos podemos contar uno a otro acerca de ello. Es la firma secreta
de cada alma, el anhelo incomunicable e inapaciguable, el objeto que deseábamos antes de
conocer a nuestras esposas, o hacernos de amigos, o elegir nuestro trabajo, y que aun
desearemos en nuestro lecho de muerte, cuando la muerte ya no sepa de esposa, o amigo,
o trabajo. Mientras existamos, esto es así. Si perdemos esto, perdemos todo
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Esta firma en cada alma puede ser un producto de herencia y medio ambiente, pero eso
solamente significa que la herencia y el medio ambiente se encuentran entre los
instrumentos mediante los cuales Dios crea un alma. Me estoy refiriendo a cómo, no a por
qué, Él hace a cada alma única. Si Él no tuviera ocasión de emplear todas estas diferencias,
no veo por qué habría de haber creado más almas que una sola. Tenga por seguro que los
pormenores de su individualidad no son misterios para Él, y un día ya no serán misterio para
usted. El molde con el cual se hace una llave sería una cosa extraña, si usted jamás hubiera
visto una llave; y la llave misma sería una cosa extraña, si usted jamás hubiera visto una
cerradura. Su alma tiene una forma curiosa, porque es un hueco hecho para calzar con una
determinada protuberancia de los contornos infinitos de la substancia divina, o una llave
para abrir una de las puertas en la casa de muchas moradas. Porque no es la humanidad en
abstracto la que ha de ser salvada, sino usted, usted, el lector individual, Juan Pérez o María
González. Bienaventurada y afortunada creatura, sus ojos, y no los de otro, lo contemplarán
a Él. Todo lo que usted es, aparte de los pecados, está destinado, si usted permite a Dios
hacer el bien que quiere, a una completa satisfacción. El espectro de Brocken "le parecía a
cada hombre como su primer amor", porque ella era un fraude. Pero Dios le parecerá a cada
alma como su primer
amor, porque Él es su primer amor. Su lugar en el cielo parecerá estar
hecho para usted, y sólo para usted, porque usted fue hecho para Él —hecho para Él,
puntada a puntada, como un guante a la mano.
Es desde este punto de vista que podemos entender el infierno en su aspecto de
privación. Durante toda su vida, un éxtasis inalcanzable ha rondado apenas más allá del
alcance de su conciencia. Ya viene el día en que usted se despertará para encontrar, más
allá de toda esperanza, que lo ha alcanzado, o de lo contrario, que estaba a su alcance y
que lo perdió para siempre.
Ésta puede parecer una noción peligrosamente privada y subjetiva de la perla de gran
valor, pero no lo es. Aquello de lo cual estoy hablando no es una experiencia. Usted
solamente ha experimentado el anhelo de ello. La cosa misma jamás se ha encarnado en
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Por supuesto, no estoy sugiriendo que estos anhelos inmortales que recibimos del Creador, porque
somos hombres, deban confundirse con los dones que el Espíritu Santo da a quienes están en Cristo.
No debemos imaginarnos que por ser humanos somos santos.