El pobre Rey, poniendo cara de considerable desconcierto y contrariedad, intentó
luchar con el lápiz durante algún tiempo sin decir nada; pero Alicia era
demasiado fuerte para él y al final jadeó: -¡Querida! Me parece que no voy a
tener más remedio que conseguir un lápiz menos grueso. No acabo de arreglármelas
con este, que se pone a escribir toda clase de cosas que no responden a mi
intención... -¿Qué clase de cosas! -interrumpió la Reina, examinando por encima
el cuaderao (en el que Alicia había anotado el caballo blanco se está deslizando
por el hierro de la chimenea. Su equilibrio deja mucho que desear)-. ¡Eso no
responde en absoluto a tus sentimientos!
Un libro yacía sobre la mesa, cerca de donde estaba Alicia, y mientras ésta
seguía observando de cerca al Rey (pues aún estaba un poco preocupada por él y
tenía la tinta bien a mano para echársela encima caso de que volviera a darle
otro soponcio) comenzó a hojearlo para ver si encontraba algún párrafo que
pudiera leer, -...pues en realidad parece estar escrito en un idioma que no
conozco-se dijo a sí misma. Y en efecto, decía así: Durante algún tiempo estuvo
intentando descifrar este pasaje, hasta que al final se le ocurrió una idea
luminosa: -¡Claro! ¡Como que es un libro del espejo! Por tanto, si lo coloco
delante del espejo las palabras se pondrán del derecho.
Y este fue el poema que Alicia leyó entonces:
GALIMATAZO
Brillaba, brumeando negro, el sol; agiliscosos giroscaban los limazones
banerrando por las váparas lejanas; mimosos se fruncían los borogobios
mientras el momio rantas murgiflaba.
¡Cuidate del Galimatazo, hijo mío! ¡Guárdate de los dientes que trituran Y de
las zarpas gue desgarran! ¡Cuidate del pájaro Jubo-Jubo y que no te agarre el
frumioso Zamarrajo!
Valiente empuñó el gladio vorpal; a la hueste manzona acometió sin descanso;
luego, reposóse bajo el árbol del Tántamo y quedóse sesudo contemplando...
Y asi, mientras cabilaba firsuto. ¡¡Hete al Galimatazo, fuego en los ojos, que
surge hedoroso del bosque turgal y se acerca raudo y borguejeando!!
¡Zis, zas y zas! Una y otra vez zarandeó tijereteando el gladio vorpal! Bien
muerto dejó al monstruo, y con su testa ¡volvióse triunfante galompando!
¡¿Y haslo muerto?! ¡¿Al Galimatazo?! ¡Ven a mis brazos, mancebo sonrisor! ¡Qué
fragarante día! ¡Jujurujúu! ¡Jay, jay! Carcajeó, anegado de alegria.
Pero brumeaba ya negro el sol agiliscosos giroscaban los limazones banerrando
por las váparas lejanas, mimosos se fruncian los borogobios mientras el momio
rantas necrofaba...
-Me parece muy bonito -dijo Alicia cuando lo hubo terminado-, sólo que es algo
diflcil de comprender (como veremos a Alicia no le gustaba confesar, y ni
siquiera tener que reconocer ella sola, que no podía encontrarle ni pies ni
cabeza al poema). Es como si me llenara la cabeza de ideas, ¡sólo que no sabría
decir cuáles son! En todo caso, lo que sí está claro es que alguien ha matado a
algo...
-Pero ¡ay! ¡Si no me doy prisa voy a tener que volverme por el espejo antes de
haber podido ver cómo es el resto de esta casa! ¡Vayamos primero a ver el
jardín!
Salió del cuarto como una exhalación y corrió escaleras abajo... aunque,
pensándolo bien, no es que corriera, sino que parecía como si hubiese inventado
una nueva manera de descender veloz y rápidamente por la escalera, como se dijo
Alicia a sí misma: le bastaba con apenas apoyar la punta de los dedos sobre la
barandilla para flotar suavemente hacia abajo sin que sus pies siquiera tocaran
los escalones. Luego, flotó por el vestíbulo y habría continuado, saliendo
despedida por la puerta del jardín, si no se hubiera agarrado a la jamba. Tanto