-¡Ay, no, gracias! -contestó Alicia-. Con una tengo más que suficiente. -Se te
ha quitado la sed, entonces, ¿eh? -comentó la Reina.
Alicia no supo qué contestar a esto, pero afortunadamente no parecia que la
Reina esperase una respuesta, pues continuó diciendo: -Cuando haya avanzado tres
metros, te las repetiré, no vaya a ser que se te olviden. Cuando llegue al
cuarto, te diré «adiós». Y cuando haya pasado el quinto, ¡me marcharé!
Para entonces la Reina tenia ya colocados todos los piquetes en su sitio; Alicia
siguió con mucha atención cómo volvía al árbol y empezaba a caminar
cuidadosamente por la hilera marcada.
Al llegar al piquete que marcaba los dos metros se volvió y dijo: -Un peón puede
avanzar dos casillas en su primer movimiento, ya sabes. De forma que irás muy de
prisa través de la tercera casilla... supongo que lo harás en tren... y te
encontrarás en la cuarta antes de muy poco tiempo. Bueno, esa casilla es de
Tweedledum y Tweedledee... En la quinta casilla casi no hay más que agua... La
sexta pertenece a Humpty Dumpty... pero ¿no dices nada?
-Yo... yo no sabía que tuviese que decir nada... por ahora... -vaciló intimidada
Alicia.
-Pues debías haber dicho -regañó la Reina con tono bien severo-«Pero ¡qué amable
es usted en decirme todas estas cosas»... Bueno, supondremos que lo has dicho...
La séptima casilla es toda ella un bosque... pero uno de los caballos te
indicará el camino... y en la octava ¡seremos reinas todas juntas y todo serán
fiestas y ferias!
Alicia se puso en pie, hizo una reverencia y volvió a sentarse de nuevo. Al
llegar al siguiente piquete, la Reina se volvió de nuevo y esta vez le dijo: -
Habla en francés cuando no te acuerdes de alguna palabra en castellano...
acuérdate bien de andar con las puntas de los pies hacia afuera... y ¡no te
olvides nunca de quién eres!
Esta vez no esperó a que Alicia le hiciera otra reverencia, sino que
caminó ligera hacia el próximo piquete, donde se volvió un momento para decirle
«adiós» y se apresuró a continuar hacia el último. Alicia nunca supo cómo
sucedió, pero la cosa es que precisamente cuando la Reina llegó al último
piquete, desapareció. Sea porque se había desvanecido en el aire, sea porque
había corrido rápidamente dentro del bosque (-Y vaya que si puede correr -pensó
Alicia) no había manera de adivinarlo; pero el hecho es que había desaparecido y
Alicia se acordó de que ahora era un peón y que pronto le llegaría el momento de
avanzar.
INSECTOS DEL ESPEJO Naturalmente, lo primero que tenía que hacer era lograr una
visión panorámica del país por el que iba a viajar. -Esto se va a parecer mucho
a estar aprendiendo geografía -pensó Alicia mientras se ponía de puntillas, por
si alcanzaba a ver algo más lejos-. Ríos principales... no hay ninguno. Montañas
principales... yo soy la única, pero no creo que tenga un nombre. Principales
poblaciones..., pero ¿qué pueden ser esos bichos que están haciendo miel allá
abajo? No pueden ser abejas... porque nadie ha oído decir que se pueda ver una
abeja a una milla de distancia... -Y así estuvo durante algún tiempo,
contemplando en silencio a uno de ellos que se afanaba entre las flores,
introduciendo su trompa en ellas, -Como si fuera una abeja común y corriente -
pensó Alicia.
Sin embargo, aquello era todo menos una abeja común y corriente: en realidad,
era un elefante... Así lo pudo, comprobar Alicia bien pronto, quedándose pasmada
del asombro. -¡Y qué enorme tamaño el de esas flores! -fue lo siguiente que se
le ocurrió. -Han de ser algo asi como cabañas sin techo, colocadas sobre un
tallo... y ¡que cantidades de miel que tendrán dentro! Creo que voy a bajar allá
y... pero no, tampoco hace falta que vaya ahorita misno... -continuó,
reteniéndose justo a tiempo para no empezar a correr cuesta abajo, buscando una
excusa para justificar sus súbitos temores. -No sería prudente aparecer así
entre esas bestias sin una buena rama para espantarlos... y ¡lo que me voy a
reír cuando me pregunten que si me gustó el paseo y les conteste
«Ay, sí, lo pasé muy bien... (y aquí hizo ese mohín favorito que siempre hacia
con la cabeza)... sólo que hacía tanto polvo y tanto calor... y los elefantes se
pusieron tan pesados!»