personas que les dan los nombres, supongo. Si no ¿por qué tienen nombres las
cosas?
-¡Vaya uno a saber! -replicó el mosquito-. Es más, te diré que en ese bosque,
allá abajo, las cosas no tienen nombre. Sin embargo, adelante con esa lista de
insectos, que estamos perdiendo el tiempo.
-Bueno, pues primero están los tábanos, que están siempre molestando a los
caballos -reanudó Alicia, llevando la cuenta con los dedos.
-¡Vale! -le interrumpió el mosquito-: Pues allí, encaramado en medio de ese
arbusto, verás a un tábano-de-caballitos-de-madera. También él está todo hecho
de madera y se mueve por ahí balanceándose de rama en rama.
-¿De qué vive? -preguntó Alicia, con gran curiosidad. -Pues de savia y serrín -
respondió el mosquito-. ¡Sigue con esa lista! Alicia contempló al tábano-de-
aballitos-de-madera con gran interés y decidió que seguramente lo acababan de
repintar porque tenía un aspecto tan brillante y pegajoso; y entonces continuó:
-Luego, está la luciérnaga.
-Mira ahí, sobre esa rama encima de tu cabeza -señaló el mosquito-y verás una
hermosa luciérnaga de postre. Su cuerpo está hecho de budín de pasas, sus alas
de hojas de acebo y su cabeza es una gran pasa flameando al coñac.
-¿Y de qué vive? -preguntó Alicia, igual que antes. -Pues de turrones y mazapán
-respondió el mosquito-, y anida dentro de una caja de aguinaldos.
-Luego, tenemos a la mariposa -continuó Alicia, después de haber echado un buen
vistazo al insecto de la flameante cabeza y de haberse preguntado -¿Y no será
por eso que a los insectos les gusta tanto volar hacia la llama de las
velas...?, ¿por qué todos quieren conveítirse en luciérnagas de postre?
-Pues arrastrándose a tus pies -dijo el mosquito (y Alicia apartó los pies con
cierta alarma) podrás ver a una melindrosa meriendaposa o mariposa de meriendas.
Tiene las alas hechas de finas rebanadas de pan
con mantequilla, el cuerpo de hojaldre y la cabeza es toda ella un terrón de
azícar.
-Y ésta ¿de qué vive? -De té muy clarito con crema. A Alicia se le ocurrió una
nueva dificultad: -Y ¿qué le pasaría si no pudiera encontrarlo? -insinuó. -Pues
que se moriría, naturalmente.
-Pero eso ha de sucederles muy a menudo -dijo Alicia pensativa. -Siempre les
pasa -afirmó el mosquito.
Con esto, Alicia se quedó callada durante un minuto o dos, considerándolo todo.
Mientras tanto, el mosquito se entretenía zumbando y dando vueltas y más vueltas
alrededor de su cabeza. Por fin, volvió a posarse y observó: -¿Supongo que no te
querrías quedar sin nombre?
-De ninguna manera -se apresuró a contestar Alicia, no sin cierta ansiedad.
-Y sin embargo, ¿quién sabe? -continuó diciendo el mosquito, así como quien no
le da importancia a la cosa-. ¡Imagínate lo conveniente que te sería volver a
casa sin nombre! Entonces si, por ejemplo, tu niñera te quisiese llamar para que
estudiaras la lección, no podría decir más que «¡Ven aquí...!», y allí se
quedaría cortada, porque no tendria ningún nombre con que llamarte, y entonces,
claro está, no tendrías que hacerle ningún caso.
-¡Estoy segura de que eso no daría ningún resultado! -respondió Alicia-. ¡Mi
niñera nunca me perdonaría una lección sólo por eso! Si no pudiese acordarse de
mi nombre me llamaría «seriorita», como hacen los sirvientes.
-Bueno, pero entonces si dice «señorita» sin decir más, tú podrías decir que
habías oído que «te la quita» y quedarte también sin lección. ¡Es un chiste! Me
hubiese gustado que lo hubieses hecho tú.
-No sé por qué dices que te habría gustado que se me hubiera ocurrido a mí -
replicó Alicia-; es un chiste muy malo.
Pero el mosquito sólo suspiró profundamente, mientras dos lagrimones
le surcaban las mejillas. -No debieras de hacer esos chistes -le dijo Alicia-si
te ponen tan triste. Otra vez le dio al mosquito por dar uno de esos
imperceptibles suspiros melancólicos y esta vez sí que pareció haberse consumido
de tanto suspirar, pues cuando Alicia miró hacia arriba no pudo ver nada sobre
la rama; y como se estaba enfriando de tanto estar sentada se puso en pie y
empezó a andar.