tan espesa! --dijo-Y qué rápidamente se está encapotando el cielo! Pero..., ¿qué
veo? ¡Si me parece que esa nube tiene alas!
-¡Es el cuervo! -gritó Tweedledum con un chillido de alarma y en el acto los dos
hermanos salieron de estampía y desaparecieron en el bosque. Alicia corrió un
poco también y se detuvo bajo un corpulento árbol. --No creo que pueda dar
conmigo aquí -pensó- es demasiado grande como para poder penetrar entre estos
árboles; pero ya me gustaria que no aletease de esa manera... está levantando un
huracán en el bosque... ¡allí va un mantón que se le habrá volado a alguien !
AGUA Y LANA
Umientras decía esto cogió el mantón al vuelo; miró alrededor suyo para ver si
encontraba a su dueña: al momento apareció la Reina blanca, corriendo desalada
por el bosque, con los brazos abiertos en cruz, como si viniera volando; y
Alicia se acercó muy cortésmente a su encuentro para devolverle el mantón.
-Me alegro mucho de haberle podido echar una mano -dijo Alicia mientras le
ayudaba a ponérselo de nuevo.
La Reina blanca parecía no poder responderle más que con una extraña expresión,
como si se sintiera asustada y desamparada, y repitiendo en voz baja algo que
sonaba así como «pan y mantequilla, pan y mantequilla...», de forma que Alicia
decidió que si no empezaba ella a decir algo no lograría nunca entablar
conversación.
La inició pues, tímidamente, preguntándole: -¿Tengo la honra de dirigirme a la
Reina blanca?
-Bueno, si llamas a eso «dirigirse»... -respondió la Reina blanca-no es en
absoluto lo que yo entiendo por esa palabra.
Alicia pensó que no tendría ningún sentido ponerse a discutir precisamente
cuando estaban empezando a hablar, de forma que sonrió y le dijo: -Si Su
Majestad quisiera decirme cómo debo empezar, lo intentaré lo mejor que pueda.
-Pero si es que no quiero que lo hagas en absoluto!-gimió la pobre Reina-. ¡Me
he estado dirigiendo todo el tiempo durante las dos últimas horas!
-Más le valiera -pensó Alicia-tener a alguien que la «dirigiera» un poco -pues
estaba tan desarreglada.
-Todo lo lleva mal puesto -consideró Alicia-y le sobran alfileres por todas
partes. ¿Me permite ponerle bien el mantón? -añadió en voz alta. -¡No sé qué es
lo que le pasa! -suspiró, melancólica, la Reina-. Creo que debe de estar del mal
humor. Lo he puesto con un alfiler por aquí y otro por allá, ¡pero no hay manera
de que se esté quieto!
-No puede quedar bien, por supuesto, si lo sujeta sólo por un lado -le dijo
Alicia mientras se lo iba colocando bien con mucho cuidado-y, ¡Dios mío!, ¡en
qué estado lleva ese pelo!
-Es que se me ha enredado con el cepillo -explicó la Reina suspirandoy el peine
se me perdió ayer.
Alicia desenredó cuidadosamente el cepillo e hizo lo que pudo por arreglarle un
poco el pelo. -¡Vaya, ya tiene mucho mejor aspecto! -le dijo después de haberle
cambiado de sitio la mayor parte de los alfileres-. ¡Lo que de verdad le hace
falta es tener una doncella! -Estoy segura de que te contrataria a ti con mucho
gusto -aseguró la Reina-. A dos reales la semana y mermelada un dia sí y otro
no. Alicia no pudo evitar la risa al oír esto, y le contestó: -No quisiera verme
empleada... y no me gusta tanto la mermelada.
-¡Ah! Pues es una mermelada excelente -insistió la Reina. -Bueno, en todo caso,
lo que es hoy no me apetece nada. -Hoy es cuando no podrías tenerla ni aunque te
apeteciera -atajó la Reina-. La regla es: mermelada mañana y ayer... pero nunca
hoy. -Alguna vez tendrá que tocar «mermelada hoy» -objetó Alicia. -No, no puede
ser -refutó la Reina-. Ha de ser mermelada un día sí y otro no: y hoy nunca
puede ser otro día, ¿no es cierto?
-No, no comprendo nada -dijo Alicia-. ¡Qué lío me he hecho con todo eso!
-Eso es lo que siempre pasa cuando se vive marcha atrás' -le explicó la Reina
amablemente-: al principio se marea siempre una un poco...
-¡Viviendo marcha atrás! -repitió Alicia con gran asombro-. iNunca he oído una
cosa semejante!