-... Peró tiene una gran ventaja y es que así la memoria funciona en ambos
sentidos.
-Estoy segura de que la mía no funciona más que en uno -observó Alicia-. No
puedo acordarme de nada que no haya sucedido antes. -Mala memoria, la que sólo
funciona hacia atrás -censuró la Reina. -¿De qué clase de cosas se acuerda usted
mejor? -se atrevió a preguntarle Alicia.
-¡Oh! De las cosas que sucedieron dentro de dos semanas -replicó la Reina con la
mayor naturalidad-. Por ejemplo, -añadió, vendándose un dedo con un buen trozo
de gasa-ahí tienes al mensajero del Rey. Está encerrado ahora en la cárcel,
cumpliendo su condena; pero el juicio no empezará hasta el próximo miércoles y
por supuesto, el crimen se cometerá al final.
-¿Y suponiendo que nunca cometa el crimen? -preguntó Alicia. -Eso sería tanto
mejor, ¿no te parece? -dijo la Reina sujetando con una cinta la venda que se
había puesto en el dedo.
A Alicia le pareció que desde luego eso no se podía negar. Claro que sería mejor
-dijo-pero entonces, el haber cumplido condena no sería tanto mejor para él.
-Ahí es donde te equivocas de todas todas -le aseguró la Reina-. ¿Te han
castigado a ti alguna vez?
-Sólo por travesuras -se excusó Alicia. -¡Y estoy segura de que te sentó muy
bien el castigo! -concluyó triunfante la Reina.
-Sí, pero es que yo sí que había cometido las cosas por las que me castigaron -
insistió Alicia-y en eso estriba la diferencia.
-Pero si no las hubieses cometido -replicó la Reina-eso te habría sentado mucho
mejor aún. ¡Mucho mejor, muchísimo mejor! Pero es que, ¡muchísimo mejor! -Con
cada «mejor» iba elevando más y más el tono de voz hasta que al final no se oía
más que un gritito muy agudo. Alicia iba precisamente a replicarle que: -Debe de
haber algún error en todo eso...- cuando la Reina empezó a dar unos alaridos tan
fuertes que tuvo que dejar la frase sin terminar. -¡Ay, ay, ay! -aullaba la
Reina sacudiéndose la mano como si quisiera que se le soltara.
-¡Me está sangrando el dedo! iAy, ay, ay, ay! Sus alaridos se parecían tanto al
silbato de una locomotora que Alicia tuvo que taparse los oídos con ambas manos.
-Pero, ¿qué es lo le pasa? -le preguntó cuando encontró una ocasión para hacerse
oír. -¿Es que se ha pinchado un dedo?
-¡No me lo he pinchado aún -gritó la Reina-pero me lo voy a pinchar
muy pronto... ay, ay, ay! -¿Y cuando cree que ocurrírá eso? -le preguntó Alicia
sintiendo muchas ganas de reirse a carcajadas.
-Cuando me sujete el mantón de nuevo -gimió la pobre Reina. -El broche se me va
a desprender de un momento a otro, ¡ay, ay! -y no acababa de decirlo cuando el
broche se le abrió de golpe y la Reina lo agarró frenéticamente para abrocharlo
de nuevo.
-¡Cuidado! -le gritó Alicia-¡que lo está agarrando por el lado que no es! -y
quiso ponér«selo bien; pero era ya demasiado tarde: se había abierto el gancho y
la Reina se pinchaba el dedo con la aguja.
-Eso explica que sangrara antes -le dijo a Alicia con una sonrisa. --Ahora ya
sabes cómo suceden las cosas por aquí.
-Pero, ¿y por qué no grita de dolor ahora? -le preguntó Alicia, preparándose
para llevarse las manos otra vez a los oídos.
-¿Para qué?, si ya me estuve quejando antes todo lo que quería --contestó la
Reina, -¿de qué me serviría hacerlo ahora todo de nuevo? Para entonces comenzaba
a clarear. -Me parece que el cuervo debe haberse marchado volando a otra parte -
dijo Alicia. -¡Cuánto me alegro de que se haya ido! Pensé que se estaba haciendo
de noche.
-¡Cómo me gustaría a mí poder alegrarme así! -comentó la Reina. -Lo que pasa es
que nunca me acuerdo de las reglas para conseguirlo. ¡Has de ser muy feliz,
viviendo aquí en este bosque y poniéndote alegre siempre que quieres!
-¡Ay, si no estuviera una tan sola aquí! -se quejó Alicia con voz melancólica; y
al pensar en lo sola que estaba dos lagrimones rodaron por sus mejillas.
-¡Hala, no te pongas asi! -le gritó la pobre Reina, retorciéndose las manos de
desesperación. -¡Considera qué niña más excepcional eres! ¡Considera lo muy
lejos que has llegado hoy! ¡Considera la hora que es! ¡Considera cualquier cosa,
pero no llores!