Alicia no pudo evitar la risa al oir esto, a pesar de sus Iágrimas. --¿Puede
Usted dejar de llorar considerando cosas? -le preguntó. -Esa es la manera de
hacerlo -aseguró la Reina con mucha decisión: -
nadie puede hacer dos cosas a la vez, con que... Empecemos por considerar tu
edad..., ¿cuántos años tiene?
-Tengo siete años y medio, exactamente. -No es necesario que digas «ex-
actamente» -observó la Reina: te creo sin que conste en acta. Y ahora te diré a
ti algo en qué creer: acabo de cumplir ciento un años, cinco meses y un día.
-¡Eso sí que no lo puedo creer! -exclamó Alicia. -¿Qué no lo puedes creer? -
repitió la Reina con mucha pena; -prueba otra vez: respira hondo y cierra los
ojos.
Alicia ri6 de buena gana: -No vale la pena intentarlo-dijo. Nadie puede creer
cosas que son imposibles.
-Me parece evidente que no tienes mucha práctica -replicó la Reina. --Cuando yo
tenía tu edad, siempre solía hacerlo durante media hora cada día. ¡Cómo que a
veces llegué hasta creer en seis cosas imposibles antes del desayuno! ¡Allá va
mi mantón de nuevo!
Se le había abierto el broche mientras hablaba y una súbita bocanada de viento
le voló el mantón y se lo llevó más allá de un pequeño arroyo.
La Reina volvió a abrir los brazos en cruz y salió volando tras el y esta vez
logró recobrarlo ella misma.-¡Ya lo tengo! -exclamó triunfalmente. --iAhora
verás cómo me lo pongo y me lo sujeto otra vez, yo solita! -Entonces espero que
se le haya curado el dedo aquel-contestó Alicia muy cortésmente mientras cruzaba
ella también el arroyo en pos de la Reina.
-¡Ay, está mucho mejor! -gritó la Reina y la voz se le iba elevando hasta
convertirse en un gritito muy agudo, mientras continuaba diciendo: --¡Mucho mee-
ejor! ¡Mee-jor! ¡Mee-ee-jor! ¡Mee...eeh! -Esto último terminó en un auténtico
balido, tan de oveja que Alicia se quedó de una pieza.
Miró a la Reina y le pareció como si se hubiera envuelto de golpe en lana.
Alicia se frotó los ojos y miró de nuevo. No podía explicarse lo que había
sucedido. ¿Se encontraba acaso en una tienda? ¿Y era aquello verdaderamente... y
estaba ahí, de verdad, una oveja sentada al otro lado del mostrador? Por más que
se frotara los ojos esa era la
única explicación que podía dar a lo que estaba viendo: estaba en el intetior de
una pequeña tienda, bastante oscura, apoyando los codos sobre el mostrador y
contemplando enfrente suyo a una vieja oveja sentada en una butaca, tejiendo y
levantando la vista de vez en cuando para mirarla a través de un par de grandes
anteojos.
-¡Qué es lo que quieres comprar? -le preguntó al fin la oveja, levantando la
vista de su labor.
-Aún no estoy del todo segura -le contestó Alicia muy cortésmente. -Si me lo
permite querría mirar antes todo alrededor mío para ver lo que hay.
-Puedes mirar enfrente tuyo, y también a ambos lados, si gustas -replicó la
oveja, -pero no podrás mirar todo alrededor tuyo... a no ser que tengas un par
de ojos en la nuca.
Y en efecto, como ocurría que Alicia no tenia ninguno por ahí, tuvo que
contentarse con dar unas vueltas, mirando lo que había en los anaqueles a medida
que se acercaba a ellos.
La tienda parecía estar repleta de toda clase de curiosidades... pero lo más
raro de todo es que cuando intentaba examinar detenidamente lo que había en
algún estante para ver de qué se trataba, resultaba que estaba siempre vacío a
pesar de que los que estaban a su alrededor parecían estar atestados y
desbordando de objetos.
-¡Las cosas flotan aqui de un modo!... -se quejo al fin, después de haber
intentado en vano perseguir durante un minuto a un objeto brillante y grande que
parecía unas veces una muñeca y otras un costutero, pero que en todo caso tenía
la virtud de estar siempre en un estante más arriba del que estaba examinando. -
Y esta es desde luego la que peor de todas se porta..., pero, ¡vas a ver! -
añadió al ocurrírsele súbitamente una idea: -Voy a seguirla con la mirada hasta
que llegue al último estante y luego, ¡vaya sorpresa que se va a llevar cuando
tenga que pasar a través del techo!