aunque lograba arrancar bastantes de los juncos más bonitos, mientras el bote se
deslizaba entre ellos,
siempre parecía que había uno más hermoso más allá de su alcance. -¡Los más
preciosos están siempre más lejos! -dijo al fin, dando un suspiro, ante la
obstinación de aquellos juncos, empeñados en ir a crecer tan apartados; e
incorporándose de nuevo sobre su banqueta, con las mejillas encendidas y el agua
goteándole del pelo y de las manos, empezó a ordenar los tesoros que acababa de
reunir.
¿Qué le importaba a ella que los olorosos juncos hubieran comenzado a
marchitarse y a perder su perfume y su belleza desde el momento mismo en que los
recogiera? Si hasta los juncos olorosos de verdad, ya se sabe, no duran más que
un poco... y estos que yacían a manojos a sus pies, siendo juncos soñados, iban
fundiéndose y desapareciendo como si fuesen de nieve... pero Alicia apenas si se
dio cuenta de esto, pues estaban pasando tantas otras cosas curiosas sobre las
que tenía que pensar...
No habían ido mucho más lejos cuando la pala de uno de los remos se quedó
agarrada en algo bajo el agua y no quiso soltarse por nada (o así al menos lo
explicaba Alicia más tarde) y por consiguiente, el puño del remo acabó
metiéndosele bajo el mentón y a pesar de una serie de entrecortados y agudos
«ayes», Alicia se vio arrastrada inevitablemente fuera de su banqueta y arrojada
al fondo, entre sus manojos de juncos. Sin embargo, no se hizo ningún daño y
pronto recobró su sitio; la oveja había continuado haciendo punto todo este
tiempo, como si no hubiera pasado nada. -¡Bonito cangrejo pescaste!, ¿eh? -
observó, mientras Alicia volvía a sentarse en su banqueta, muy aliviada de ver
que continuaba dentro del bote.
-¿De veras?, pues yo no lo vi -dijo Alicia, atisbando con cautela las aguas
oscuras por encima de la borda. -Ojalá no se hubiese soltado... ¡Me hubiera
gustado tanto llevarme un cangrejito a casa! -Pero la oveja sólo se rió
desdeñosamente y continuó haciendo calceta.
-¿Hay muchos cangrejos por aquí? -le preguntó Alicia. -Hay cangrejos y toda
clase de cosas -replicó la oveja. -Hay un buen surtido; no tienes más que
escoger. ¡Vamos, decídete!, ¿qué es lo que quieres comprar?
-¡¿Comprar?! -repitió Alicia con un tono de voz entre asombrado y asustado...
pues los remos, la barca y el río se habían esfumado en un instante y se
encontraba de nuevo en la pequeña y oscura cacharrería de antes.
-Querría comprarle un huevo, por favor -dijo al cabo con timidez. -¿A cuánto los
vende?
-A cinco reales y un ochavo el huevo... y a dos reales la pareja. -¿Entonces dos
cuestan más barato que uno? -preguntó Alicia, asombrada, sacando su monedero.
-Es que si compras dos huevos tienes que comerte los dos -explicó la oveja.
-En ese caso, me llevaré sólo uno, por favor -concluyó Alicia, colocando el
dinero sobre el mostrador; pues estuvo pensando que --Vaya una a saber si están
todos buenos.
La oveja tomó el dinero y lo metió en una caja. Dijo luego: -Nunca le doy a mis
clientes nada con la mano... eso no estaría bien... has de cogerlo tu misma-. Y
con esto se fue hacia el otro extremo de la tienda y colocó el huevo de pie
sobre un estante.
Me, pregunto por qué no estaría bien que me lo entregara ella misma --pensó
Alicia, a medida que avanzaba a tientas entre mesas y sillas, pues el fondo de
la tienda estaba muy oscuro. -Ese huevo parece estar alejándose cuanto más
camino hacia él y..., ¿qué es esto?, ¿será una silla?, pero..., ¿cómo?, ¡si
tiene ramas! ¡Que raro es esto de encontrarse un árbol creciendo aquí dentro!
¡Pero si también veo allí un pequeño riachuelo! Bueno, desde luego esta es la
tienda más extraña que haya visto jamás...
Alicia continuó de este modo, cada vez más asombrada a medida que todo a lo que
se acercaba se iba convirtiendo en un árbol; y casi esperaba que le sucediera lo
mismo al huevo.
HUMPTY DUMPTY In embargo, lo único que le ocurrió al huevo es que se iba
haciendo cada vez mayor y más y más humano: cuando Alicia llegó a unos metros