-¡Vaya! ¡No me faltaba más que esto! -gritó Humpty Dumpty súbitamente muy
enfadado. -¡Has estado escuchando tras las puertas..., escondida detrás de los
árboles..., por las chimeneas..., o no lo podrias haber sabido!
-¡Desde luego que no! -protestó Alicia, con suavidad. -Es que está escrito en un
libro.
-¡Ah, bueno! Es muy posible que estas cosas estén escritas en algún libro -
concedió Humpty Dumpty, ya bastante sosegado. -Eso es lo que se llama una
Historia de Inglaterra, más bien. Ahora, ¡mírame bien! Contempla a quien ha
hablado con un Rey: yo mismo. Bien pudiera ocurrir que nunca vieras a otro como
yo; y para que veas que a pesar de eso no se me ha subido a la cabeza, ¡te
permito que me estreches la mano!
Y en efecto, se inclinó hacia adelante (y por poco no se cae del muro al
hacerlo) y le ofreció a Alicia su mano, mientras la boca se le ensanchaba en una
amplia sonrisa que le recorría la cara de oreja a oreja. Alicia le tomó la mano,
pero observándolo todo con mucho cuidado: -Si sonriera un poco más pudiera
ocurrir que los lados de la boca acabasen uniéndose por detrás -pensó- y
entonces, ¡qué no le sucedería a la cabeza! ¡Mucho me temo que se le
desprendería!
-Pues sí señor, todos sus caballos y todos sus hombres -continuó impertérrito
Humpty Dumpty -me recogerían en un periquete y me volverían aquí de nuevo, ¡así
no más! Pero..., esta conversación está discurriendo con excesiva rapidez:
volvamos a lo penúltimo que dijimos.
-Me temo que ya no recuerdo exactamente de qué se trataba -señaló Alicia, muy
cortésmente.
-En ese caso, cortemos por lo sano y a empezar de nuevo -zanjó la cuestión
Humpty Dumpty-y ahora me toca a mí escoger el tema... (Habla como si se tratase
de un juego-pensó Alicia)... así que he aquí una pregunta para ti: ¿qué edad me
dijiste que tenías?
Alicia hizo un pequeno cálculo y contestó: -Siete años y seis meses.
-¡Te equivocaste! -exclamó Humpty Dumpty, muy ufano. -¡Nunca me dijiste nada
semejante!
-Pensé que lo que usted quería preguntarme era más bien «¿qué edad tiene?» -
explicó Alicia.
-Si hubiera querido decir eso, lo habría dicho, ¡ea! -replicó Humpty Dumpty.
Alicia no quiso ponerse a discutir de nuevo, de forma que no respondió nada.
-Siete años y seis meses... -repetía Humpty Dumpty, cavilando. -Una edad bien
incómoda. Si quisieras seguir mi consejo te diría «deja de crecer a los
siete»..., pero ya es demasiado tarde.
-Nunca se me ha ocurrido pedir consejos sobre la manera de crecer --respondió
Alicia, indignada.
-¿Demasiado orgullosa, eh? -se interesó el otro. Alicia se sintió aún más
ofendida por esta insinuación. -Quiero decir -replicó- que una no puede evitar
el ir haciéndose más vieja.
-Puede que una no pueda -le respondió Humpty Dumpty -pero dos, ya podrán. Con
los auxilios necesarios podrías haberte quedado para siempre en los siete años.
-¡Qué hermoso cinturón tiene usted! -observo Alicia súbitamente (pues pensó que
ya habían hablado más que suficientemente del tema de la edad; y además, si de
verdad iban a turnarse escogiendo temas, ahora
le tocaba a ella). -Digo más bien... -se corrigió pensándolo mejor-qué hermosa
corbata, eso es lo que quise decir...no, un cinturón, me parece... ¡Ay, mil
perdones: no sé lo que estoy diciendo! -añadió muy apurada al ver que a Humpty
Dumpty le estaba dando un ataque irremediable de indignación, y empezó a desear
que nunca hubiese escogido ese tema. -¡Si solamente supiera -concluyó para sí
mismacual es su cuello y cuál su cintura!
Evidentemente, Humpty Dumpty estaba enfadadísimo, aunque no dijo nada durante un
minuto o dos. Pero cuando volvió a abrir la boca fue para lanzar un bronco
gruiñido.
-¡Es... el colmo... del fastidio -pudo decir al fin-esto de que la gente no sepa
distinguir una corbata de un cinturón!