dos mensajeros. Ambos se han marchado a la ciudad. Mira por el camino y dime,
¿alcanzas a ver a alguno de los dos?
-No..., a nadie -declaró Alicia. -¡Cómo me gustaría a mí tener tanta vista! -
exclamó quejumbroso el Rey-. ¡Ser capaz de ver a Nadie! ¡Y a esa distancia!
¡Vamos, como que yo, y con esta luz, ya hago bastante viendo a alguien!
Pero Alicia no se enteró de nada de todo esto pues seguía mirando con atención a
lo lejos por el camino, protegiéndose los ojos con la mano. --¿Ahora sí que veo
a alguien! -exclamó por fin-pero viene muy despacio..., ¡qué posturas más raras!
-pues el mensajero no hacía más que dar botes de un lado a otro y se retorcía
como una anguila a medida que avanzaba, extendiendo sus manazas a ambos lados
como si fuesen abanicos.
-Nada de raras -explicó el Rey. -Es que es un mensajero anglosajón..., y lo que
pasa es que adopta actitudes anglosajonas. Eso sólo le ocurre cuando está
contento. Se llama Haigha -nombre que pronunciaba como si se escribiera Je-ja.
Al oír esto, Alicia no pudo contenerse y empezó a jugar a las letras: --Viene un
barco cargado de H; amo a mi amor con H porque es hermoso; lo odio con H porque
es horroroso. Lo alimento de..., de..., de habas y heno. Su nombre es Haigha y
vive...
-Vive en la higuera -suplió el Rey con toda naturalidad, sin tener la menor idea
de que estaba participando en un juego, mientras Alicia se devanaba los sesos
por encontrar el nombre de una ciudad que empezase por H.
-El otro mensajero se llama Hatta. Tengo que tener a dos, ¿comprendes?, para ir
y venir: uno para ir y el otro para venir. -Le ruego que me repita eso -dijo
Alicia sorprendida.
-¡Niña: a Dios rogando y con el mazo dando! -amonestó el Rey. -Sólo quise decir
que no habia comprendido -se excusó Alicia. -¿Por qué uno para venir y otro para
ir?
-¿Pero no te lo estoy diciendo? -dijo el Rey con cierta impaciencianecesito
tener a dos..., para llevar y traer..., uno para llevar y otro para traer.
En ese momento llegó el mensajero: pero estaba demasiado extenuado y sólo podía
jadear, incapaz de pronunciar una sola palabra, agitando desordenadamente las
manos y haciéndole al Rey las muecas más pavorosas.
-Esta jovencita te ama con H -dijo el Rey presentándole a Alicia, con la
esperanza de distraer hacia ella la atención tan alarmante del mensajero...,
pero en vano..., las actitudes anglosajonas se hacían más extraordinarias por
momentos, mientras que sus grandes ojazos giraban violentamente en sus órbitas.
-¡Me estás asustando! -se quejó el Rey-siento un desmayo... ¡Dame unas habas!
Al oír esto, el mensajero, ante el regocijo de Alicia, abrió una saca que
llevaba colgada al cuello y extrajo unas cuantas, que le dio al Rey y que este
devoró con ahinco.
-¡Más habas! -ordenó el Rey. -Ya no queda más que heno -contestó el mensajero
examinando el
interior de su saca. -Pues heno, entonces -murmuró el Rey con un hilo de voz.
Alicia se tranquilizó al ver que esta vitualla parecía reanimarlo
considerablemente. -No hay como comer heno cuando se siente uno desmayar! -
comentó el Rey mientras mascaba con gusto.
-Estoy segura de que una rociada de agua fría le sentaría mucho mejor --sugirió
Alicia-o quizá unas sales volátiles...
-Yo no dije que hubiese algo mejor -replicó el Rey. -Sólo dije que no había nada
como comer -afirmación que desde luego Alicia no se atrevió a contradecir.
-¿Te encontraste con alguien por el camino? -continuó el Rey extendiendo la mano
para que el mensajero le diera más heno. -A nadie -reveló el mensajero.
-Eso cuadra perfectamente -asintió el Rey-pues esta jovencita también vio a
Nadie. Asi que, naturalmente, Nadie puede andar más despacio que tú.
-¡Hago lo que puedo! -se defendió el mensajero malhumorado. -¡Estoy seguro de
que nadie anda más rápido que yo!
-Eso no puede ser -contradijo el Rey-pues de lo contrario habría llegado aquí
antes que tú. No obstante, ahora que has recobrado el aliento, puedes decirnos
lo que ha pasado en la ciudad.
-Lo diré en voz baja -dijo el mensajero, llevándose las manos a la boca a modo
de trompetilla, e inclinándose para hablar en la misma oreja del Rey. Alicia lo