Alicia cansinamente. -¿Eres animal..., vegetal..., o mineral...?- preguntó,
bostezando a cada palabra.
-¡Es un monstruo fabuloso! -gritó el unicornio antes de que Alicia pudiera
contestar nada.
-Entonces, pasa ese pastel de frutas, monstruo -repuso el león, tendiéndose en
el suelo y apoyando el mentón sobre las patas-. Y sentaos vosotros dos también
(al Rey y al unicornio), ¡a ver si no hacemos trampas con el pastel!
El Rey se sentía evidentemente muy incómodo de tener que sentarse entre las dos
grandes bestias; pero no podía sentarse en ningún otro lugar.
-¡Qué pelea podríamos tener ahora por la corona!, ¿eh? -comentó el unicornio
mirando de soslayo a la corona, que comenzaba a sacudirse violentamente sobre la
cabeza del Rey, de tanto que estaba temblando. -Ganaría fácilmente -declaró el
león.
-¡No estés tan seguro! -replicó el unicornio. -¡Cómo! ¡Pero si te he corrido por
todo el pueblo! ¡So gallina! -replicó el león furiosamente, casi poniéndose en
pie mientras lo increpaba así. Al llegar a este punto, el Rey los interrumpió
para impedir que reanudaran la pelea; estaba muy nervioso y desde luego le
temblaba la voz. -¿Por todo el pueblo? -preguntó- pues no es poca distancia.
¿Fuistéis por el puente viejo o por el mercado? Por el puente viejo es por donde
queda la mejor vista.
-Yo sí que no sabría decir por donde fuimos -gruñó el león, echándose otra vez
por el suelo-. Hacía demasiado polvo para ver nada. ¡Cuánto tarda el monstruo
cortando ese pastel!
Alicia se había sentado al borde de un pequeño arroyo con la gran fuente sobre
las rodillas y trabajaba diligentemente con el cuchillo. --¡Pero qué fastidio! -
dijo, dirigiéndose al león (se estaba acostumbrando bastante a que la llamaran
«monstruo»)-. Ya he cortado varios trozos, pero ¡todos se vuelven a unir otra
vez!
-Es que no sabes cómo hacerlo con pasteles del espejo -observó el unicornio-.
Reparte los trozos primero y córtalos después. Aunque esto le parecía una
tontería, Alicia se puso de pie, obedientemente, y pasó la fuente a unos y
otros; el pastel se dividió solo
en tres partes mientras lo pasaba. -Ahora, córtalo en trozos -indicó el león
cuando hubo vuelto a su sitio con la fuente vacía.
-¡Esto sí que no vale! -exclamó el unicornio mientras Alicia se sentaba con el
cuchillo en una mano, muy desconcertada sin saber cómo empezar-. ¡El monstruo le
ha dado al león el doble que a mí!
-Pero en cambio se ha quedado ella sin nada -señaló el león-. ¿No te gusta el
pastel de frutas, monstruo?
Pero antes de que Alicia pudiera contestar comenzaron los tambores a redoblar.
Alicia no acertaba a discernir de dónde procedía tanto ruido, pero el aire
parecía henchido de redobles de tambor cuyo estrépito estallaba dentro de su
cabeza hasta que empezó a ensordecerla del todo. Se puso en pie de un salto y
acosada de temor saltó al otro lado del arroyuelo; tuvo justo el tiempo de
ver...
... antes de caer de rodillas y de taparse los oídos tratando en vano de
aislarse del tremendo ruido, cómo el león y el unicornio se ponían súbitamente
en pie, mirando furiosos en derredor al ver interrumpida su fiesta.
-¡Si éso no los echa a tamborilazos del pueblo -pensó para sí misma-ya nada lo
logrará!
"ES MI PROPIA INVENCION" Después de un rato, el estrépito fue amainando
gradualmente hasta quedar todo en el mayor silencio, por lo que Alicia levantó
la cabeza, un poco alarmada. No se veía a nadie por ningún lado, de forma que lo
primero que pensó fue que debía de haber estado soñando con el león y el
unicornio y esos curiosos mensajeros anglosajones. Sin embargo, ahí continuaba
aún a sus pies la gran fuente sobre la que había estado intentando cortar el
pastel. Así que, después de todo, no he estado soñando -se dijo a sí misma...- a
no ser que fuésemos todos parte del mismo sueño. Sólo que si así fuera, ¿ojalá
que el sueño sea el mío propio y no el del Rey rojo! No me gusta nada pertenecer
al sueño de otras personas -continuó diciendo con voz más bien quejumbrosa como