Al oír esto, el caballero puso una cara de considerable sorpresa y quedó un
tanto ofendido. -¿Y por qué se te ocurre decirme eso ahora? -preguntó mientras
se encaramaba nuevamente sobre su montura, agarrándose de los pelos de Alicia
con una mano para no desplomarse por el otro lado.
-Porque la gente no se cae con tanta frecuencia del caballo cuando tiene
práctica.
-Pues yo tengo práctica más que suficiente declaró gravemente el caballero -¡más
que suficiente!
A Alicia no se le ocurrió otra cosa mejor que decir a esto que -¿de veras?-,
bien es verdad que lo dijo tan cordialmente como pudo. Después de esto,
continuaron avanzando en silencio durante algún rato, el caballero con los ojos
cerrados mascullando cosas ininteligibles y Alicia esperando la siguiente caída.
-El gran arte de la equitación -empezó a declamar de golpe el caballero, con
resonante voz y gesticulando con el brazo derecho mientras hablaba-estriba en
mantenerse... -pero aquí la frase se detuvo tan inopinadamente como habia
comenzado, pues el caballero cayó pesadamente de cabeza precisamente en medio
del sendero por el que iba caminando Alicia. Esta vez se asustó de veras y por
ello, mientras lo
levantaba, le dijo con voz inquieta: -Espero que no se haya roto ningún hueso.
-Ninguno que valga la pena de mencionar -repuso el caballero, como si no le
importara quebrarse dos o tres-. El gran arte de la equitación, como estaba
diciendo..., estriba en mantenerse adecuadamente en equilibrio. De esta manera
en que voy a demosttar...
Dejó caer las riendas y extendió ambos brazos para mostrarle a Alicia lo que
quería decir, y esta vez se cayó cuán largo era y de espaldas bajo las patas del
caballo.
-¡Práctica más que suficiente! -continuaba repitiendo todo el tiempo, mientras
Alicia le ayudaba a ponerse en pie-. ¡Práctica más que suficiente!
-¡Esto ya pasa de la raya! -gritó Alicia perdiendo esta vez toda su paciencia-.
¡Lo que usted debiera de tener es un caballo de madera con ruedas! ¡Eso es lo
que necesita usted!
-¿Es que ese género equino cabalga con suavidad? -le preguntó el caballero con
un tono que revelaba su gran interés; y se agarró firmemente al cuello de su
caballo justo a tiempo para salvarse de una nueva y ridícula caída.
-¡Mucho más suavemente que un caballo de carne y hueso! exclamó Alicia dando un
pequeño chillido de la risa que le estaba dando todo ello, a pesar de los
esfuerzos que hacia por contenerla.
-Voy a conseguirme uno -se dijo pensativo el caballero-uno o dos..., ¡varios!
Después de ésto, se produjo un corto silencio y luego el caballero rompió de
nuevo a hablar.
-Tengo un considerable talento para inventar cosas. Y no sé si habrás observado
que la última vez que me levantaste del suelo estaba así como algo preocupado...
-Desde luego, me pareció que había puesto una cara bastante seria --aseguró
Alicia.
-Bueno, es que precisamente entonces estaba inventando una nueva manera para
pasar por encima de una cerca..., ¿te gustaría saber cómo?
-Me gustaría muchísimo -asintió cortésmente Alicia. -Te diré cómo se me ocurrió
la idea -dijo el caballero. -Verás: me dije a mi mismo: «la única dificultad
está en los pies, pues la cabeza ya está de por sí por encima». Así pues,
primero coloco la cabeza por encima de la cerca ..., y así queda asegurada ésta
a suficiente altura..,, y luego me pongo cabeza abajo..., y entonces son los
pies los que quedan a suficiente altura, como verás..., y de esta forma, ¡paso
la cerca! ¿Comprendes?
-Sí, supongo que lograría pasar la cerca después de esa operacíon --asintió
Alicia pensativamente-pero, ¿no cree usted que resulta algo difícil de ejecutar?
-No lo he probado aún -declaró con gravedad el caballero-así que no puedo
asegurarlo..., pero me temo que algo difícil sí sería.
El darse cuenta de esto pareció molestarle tanto que Alicia se decidió a cambiar
apresuradamente de tema.
-¡Qué curioso yelmo el suyo! -dijo, prodigando alegría-. ¿Es también de su
invención?