-Muchas gracias -susurró Alicia respondiéndole-pero me las puedo arreglar muy
bien sola.
-¡Eso sí que no puede ser! -pronunció la Reina roja con mucha determinación: así
que Alicia intentó someterse a sus esfuerzos del mejor grado posible.
(-¡Y lo que me apretujaban! -diría Alicia más tarde, cuando contaba a su hermana
cómo había transcurrido la fiesta-. ¡Cualquiera hubiera dicho que querian
aplanarme del todo entre las dos!)
La verdad es que le fue bastante difícil mantenerse en su sitio mientras
pronunciaba su discurso: las dos reinas la empujaban de tal manera, una de cada
lado, que casi la levantaban en volandas con sus empellones. --Me levanto para
expresaros mi agradecimiento... -empezó a decir Alicia; y de hecho se estaba
levantando en el aire algunas pulgadas, mientras hablaba. Pero se agarró bien
del borde de la mesa y consiguió volver a su sitio a fuerza de tirones.
-¡Cuidado! ¡Agárrate bien! -chilló de pronto la Reina blanca, sujetando a Alicia
por el pelo con ambas manos-. ¡Que va a suceder algo!
Y entonces (como lo describiría Alicia más tarde) toda clase de cosas empezaron
a suceder en un instante: las velas crecieron hasta llegar al techo..., parecían
un banco de juncos con fuegos de artificio en la cabeza. En cuanto a las
botellas, cada una se hizo con un par de platos que se ajustaron apresuradamente
al costado, a modo de alas, y de esta guisa, con unos tenedores haciéndoles las
veces de patas, comenzaron a revolotear en todas direcciones. -¡Si hasta parecen
pájaros! -logró pensar Alicia a pesar de la increíble confusión que empezaba a
invadirlo todo.
En este momento, Alicia oyó que alguien soltaba una carcajada
aguardentosa a su lado y se volvió para ver qué le podía estar sucediendo a la
Reina blanca; pero en vez de la Reina lo que estaba sentado a su lado era la
pierna de cordero. -¡Aquí estoy! -gritó una voz desde la marmita de la sopa y
Alicia se volvió justo a tiempo para ver la cara ancha y bonachona de la Reina
blanca sonriéndole por un momento antes de desaparecer del todo dentro de la
sopa.
No había ni un momento que perder. Ya varios de los comensales se habían
acomodado en platos y fuentes, y el cucharón de la sopa avanzaba
amenazadoramente por encima de la mesa, hacia donde estaba Alicia, haciéndole
gestos impacientes para que se apartara de su camino.
-¡Esto no hay quien lo aguante! -gritó Alicia poniéndose en pie de un salto y
agarrando el mantel con ambas manos: un buen tirón y platos, fuentes, velas y
comensales se derrumbaron por el suelo, cayendo con estrépito y todos juntos en
montón.
-¡Y en cuanto a ti! -continuó volviéndose furiosa hacia la Reina roja, a la que
consideraba culpable de todo este enredo...
Pero la Reina ya no estaba a su lado..., había menguado súbitamente hasta
convertirse en una pequena muñeca que estaba ahora sobre la mesa, correteando
alegremente y dando vueltas y más vueltas en pos de su propio mantón que volaba
a sus espaldas.
En cualquier otro momento, Alicia se habría sorprendido al ver este cambio, pero
estaba demasiado excitada para que nada le sorprendiese ahora.
-¡En cuanto a ti! -repitió agarrando a la figurilla justo cuando ésta estaba
saltando por encima de una botella que había aterrizado sobre la mesa-. ¡Te voy
a sacudir hasta que te conviertas en un gatito! ¡Vaya que si lo voy a hacer!
SACUDIENDO
Mientras hablaba, Alicia la retiró de la mesa y empezó a sacudirla hacia
atrás y hacia adelante con todas sus fuerzas. La Reina roja no ofreció la menor
resistencia: tan sólo ocurrió que su cara se fue empequeñeciendo mientras que
los ojos se le agrandaban y se le iban poniendo verdes; y mientras Alicia
continuaba sacudiéndola, seguía haciéndose más pequeña..., y más gorda..., y más
suave..., y más redonda..., y ...
DESPERTANDO