humano estrictamente hablando. O bien nació bajo una influencia maligna, o dio
con la forma de abrir la puerta prohibida. Ya da lo mismo, pues desapareció...
volvió a abismarse en esa increíble oscuridad que él tanto gustaba frecuentar.
Será mejor que encendamos el candelabro. No me pidas que te explique, o
siquiera conjeture, qué es lo que quemé.
Tampoco me preguntes qué había tras esa especie de topo gateador que tan bien
se las arregló Pickman para hacer pasar por ratas. Hay secretos que pueden
proceder de los viejos tiempos de Salem, y Cotton Mather cuenta cosas aún más
extrañas. Bien sabes tú cuán endiabladamente expresivos eran los cuadros de
Pickman, cómo todos nos preguntamos más de una vez de dónde podía sacar
aquellos rostros.
Bueno... después de todo, aquel papel no era la fotografía de una perspectiva. En
él se veía únicamente el ser monstruoso que estaba pintando en aquel horrible
lienzo. Era el modelo en que se inspiraba... y el trasfondo no era sino la pared del
estudio del sótano pintada con todo lujo de detalle. Por el amor de Dios, Eliot,
aquella era una fotografía tomada del natural.