I
Se trataba de un enorme globo brillante que arro-
jaba al espacio una centellante luz de topacio, pero
no era un sol. Así, durante largo tiempo, el planeta
había engañado a los hombres. Sólo cuando entraron
en la órbita cercana, sus descubridores comprendie-
ron que era un mundo de un sistema binario y no un
tercer sol propiamente dicho.
Al principio daba la impresión de que nada podía
existir en semejante planeta, y menos aún seres huma-
nos. Pero las imponentes estrellas Gl y G2 trazaban
su órbita en un centro común con extraña regularidad
y Tatooine las rodeaba a suficiente distancia para per-
mitir el desarrollo de un clima bastante estable y ex-
quisitamente cálido. La mayor parte de este mundo
era un desierto seco, cuyo excepcional resplandor ama-
rillo, como de estrella, era consecuencia de la doble
luz solar que llegaba a las arenas y los llanos ricos en
sodio. Esa misma luz solar brilló súbitamente en la
delgada piel de una forma metálica que caía desen-
frenadamente hacia la atmósfera.
El curso errático que seguía el crucero galáctico
era intencional, no el fruto de un daño sino de un de-