desperdicie sus fuerzas. —Se apartó para escuchar
con satisfacción los informes acerca de los hombres y
del material capturado, provenientes de la nave re-
belde.
El resplandor de los paneles y los circuitos que
estallaban se reflejaban de manera delirante en el uni-
forme blindado del soldado que dirigía a la tropa
mientras inspeccionaba el pasillo. Se disponía a girar
e indicar a los de atrás que lo siguieran cuando reparó
en algo que se movía a un costado. Parecía agazapado
en un hueco pequeño y oscuro. Apuntó con su pistola,
avanzó cautelosamente y miró dentro de la cavidad.
Una pequeña y temblorosa figura vestida de vapo-
roso blanco se arrinconó en el fondo de la cavidad y
miró al hombre. En ese momento, comprendió que es-
taba frente a una joven y que su descripción física
coincidía con la de la persona por la cual el Oscuro
Señor estaba sumamente interesado. El soldado son-
rió detrás del casco. Para él era un encuentro afor-
tunado.
Giró ligeramente la cabeza dentro de la armadura
y dirigió la voz hacia el minúsculo micrófono con-
densador.
—¡ Está aquí! — gritó a los que se encontraban de-
trás—. Preparad la fuerza de aturdí...
No llegó a terminar la frase, del mismo modo que
nunca recibiría los esperados elogios. En cuanto apar-
tó la atención de la muchacha para dirigirla al comu-
nicador, los temblores de ella desaparecieron con sor-
prendente rapidez. La muchacha levantó la pistola de
energía que había mantenido oculta en la espalda y
disparó desde su escondite.
El soldado que había tenido la desgracia de encon-
trarla cayó con la cabeza convertida en una masa de