Luke se apartó y admiró abiertamente el uniforme del
otro.
—No sabía que habías regresado. ¿Cuándo lle-
gaste?
La confianza que la voz del otro denotaba bordea-
ba el reino de la presunción sin penetrar en él.
—Hace sólo un rato. Quería darte una sorpresa, ex-
perto. — Señaló la sala —. Supuse que estarías aquí
con esos dos reptiles nocturnos. —Deak y Windy son-
rieron—. Te aseguro que no esperaba que hubieras
salido a trabajar. — Rió fácilmente, con una risa que
para muchos era irresistible.
—La Academia no te ha hecho cambiar —comen-
tó Luke—. Pero has regresado tan pronto... —su ex-
presión se tornó preocupada—. ¿Qué ocurrió? ¿No te
dieron el nombramiento?
Hubo cierta reticencia en la respuesta de Biggs,
que apartó ligeramente la mirada:
—Claro que me lo dieron. La semana pasada firmé
para servir a bordo del carguero
Rand Ecliptic,
Pri-
mer piloto, Biggs Darklighter, a su servicio. —Hizo
un complicado saludo, medio en serio, medio en bro-
ma y después esbozó esa sonrisa suya, altiva pero zala-
mera —. Sólo he venido a despedirme de todos voso-
tros, desafortunados inocentones rodeados de tierra.
Todos rieron, hasta que Luke recordó súbitamen-
te el motivo que le había llevado allí con tanta prisa.
—Casi lo olvidé — les dijo a medida que recobra-
ba su agitación inicial—. Allí afuera, en nuestro siste-
ma, se está librando una batalla. Salid y echad un vis-
tazo.
Deak parecía decepcionado.
—Que no sea otra de tus batallas épicas, Luke. ¿No
tienes bastante con las que ya has soñado? Olvídalo.
—De olvidarlo, nada... hablo en serio. Se trata de
una batalla de verdad.