pojó en silencio de la materia ofensiva y la observó
interesado mientras la joven atravesaba la entrada ha-
cia el crucero.
Un soldado alto y delgado que llevaba la insignia
de comandante imperial llamó la atención de Vader
al detenerse junto a él.
—Retenerla es peligroso — se atrevió a decir, y la
siguió con la mirada mientras la escoltaban en direc-
ción al crucero —. Si esto se llega a saber, se produ-
cirá un gran revuelo en el Senado. Despertará simpa-
tía hacia los rebeldes. — El comandante dirigió la mi-
rada hacia el indescifrable rostro metálico y agregó —:
Debería ser destruida inmediatamente.
—No. Mi primer deber consiste en localizar la for-
taleza oculta que poseen — replicó Vader sin alterar-
se—. Hemos eliminado todos los espías rebeldes .. o
se han suicidado. En consecuencia, ahora mi única cla-
ve para descubrir su situación es ella. Pienso utilizar-
la a fondo. Si es necesario, la violentaré... pero
cono-
ceré
el emplazamiento de la base rebelde.
El comandante apretó los labios y meneó levemen-
te la cabeza, quizá con algo de compasión, mientras
observaba a la mujer.
—Preferirá morir antes que suministrarle infor-
mación.
La indiferencia de la respuesta de Vader fue gé-
lida:
—Deje eso en mis manos. — Meditó un instante y
prosiguió —: Envíe una señal de peligro de banda an-
cha. Comunique que la nave de la senadora chocó con
un grupo inesperado de meteoritos que no logró es-
quivar. Las indicaciones de los instrumentos señalan
que las capas protectoras móviles quedaron anuladas
y que la nave se descompuso hasta el punto de perder
el noventa y cinco por ciento de su atmósfera. Infor-
me a su padre y al Senado que todos los que se encon-
traban a bordo han muerto.