luz peculiar iluminó los ojos de Biggs, un conglomera-
do de madurez reciente y... algo más—, entonces
haré lo que pueda por mi cuenta. — Miró intensamen-
te a su amigo —. Luke, no esperaré a que el Imperio
me llame a su servicio militar. A pesar de lo que lias
oído por los canales oficiales de información, la rebe-
lión crece, se extiende. Y quiero estar del lado que co-
rresponde... del lado en que creo. —Su voz se alteró
de manera desagradable y Luke se preguntó qué veía
en su ojo mental—. Luke, tendrías que haber oído
alguna de las historias que yo oí, tendrías que haberte
enterado de algunos ultrajes de los que yo me enteré.
Tal vez en otro tiempo el Imperio fue grandioso y her-
moso, pero las personas que ahora gobiernan... —Me-
neó enérgicamente la cabeza—. Está corrompido,
Luke, corrompido.
—Y yo no puedo hacer nada de nada — murmuró
Luke hoscamente—. Estoy atascado aquí. —Pateó
inútilmente la arena omnipresente de Anchorhead.
—Creí que pronto ingresarías en la Academia
— agregó Biggs —. Si es así, tendrás la oportunidad de
salir de esta pila de arena.
Luke bufó despectivamente.
—No es probable. Tuve que retirar mi solicitud.
— Bajó los ojos, incapaz de sostener la incrédula mi-
rada de su amigo—. Tuve que hacerlo. Biggs, desde
que te marchaste hay mucho desasosiego entre los ha-
bitantes de la arena. Incluso han atacado las afueras
de Anchorhead.
Biggs negó con la cabeza y no tuvo en cuenta la
justificación.
—Tu tío podría resistir toda una colonia de inva-
sores con una barrena.
—Desde la casa, claro que sí — reconoció Luke —,
pero, finalmente, mi tío Owen ha instalado y puesto
en marcha los evaporadores necesarios para que la
granja pague con creces. Pero él solo no puede pro-