teger toda esa tierra y dice que me necesita durante
una temporada más. Ahora no puedo abandonarle.
Biggs suspiró con pesar.
—Lo siento por ti, Luke. Algún día tendrás que
aprender a distinguir entre lo que parece importante
y lo que realmente lo es. — Señaló a su alrededor —,
¿De qué servirá todo el trabajo de tu tío si el Imperio
se apodera de él? Oí decir que han comenzado a im-
penalizar el comercio en todos los sistemas lejanos.
No pasará mucho tiempo hasta que tu tío y todos los
demás de Tatooine sean arrendatarios que se matan
trabajando para mayor gloria del Imperio.
—Eso no puede ocurrir aquí —opinó Luke con
una confianza que no sentía —. Tú mismo lo has di-
cho : el Imperio no se preocupará por esta roca.
—Las cosas cambian, Luke. Sólo la amenaza de la
rebelión impide que muchos de los que están en el po-
der lleven a cabo algunas cosas indecibles. Si la ame-
naza desaparece por completo... bien, existen dos co-
sas que los hombres nunca han podido satisfacer: su
curiosidad y su codicia. Los burócratas imperiales en-
cumbrados no son un modelo de curiosidad
Ambos permanecieron en silencio. Un remolino de
arena atravesó la calle con silenciosa majestuosidad
y chocó contra una pared para enviar céfiros recién
nacidos en todas direcciones.
—Me gustaría ir contigo —murmuró finalmente
Luke. Levantó la vista—. ¿Te quedarás mucho tiem-
po aquí?
—No. En realidad, me marcho por la mañana para
encontrarme con el
Ecliptic.
Supongo entonces... que no volveré a verte.
—Tal vez algún día —declaró Biggs. Su rostro se
iluminó y esbozó su encantadora sonrisa—. Experto,
estaré atento a ver si te veo. Mientras tanto, trata de
no chocar contra las paredes de ningún cañón.
—Entraré en la Academia la próxima temporada