—le respondió—, pero de cualquier manera se lo re-
cordaré.
Ella hizo una señal de asentimiento y Luke se reu-
nió con su tío.
Evidentemente, Owen Lars había tomado una de-
cisión y elegido un pequeño robot semiagrícola, de
forma semejante a la de Artoo Detoo, pero cuyas pun-
tas de los múltiples brazos subsidiarios podían cum-
plir diversas funciones. Al recibir una orden se apartó
de la fila y se tambaleó detrás de Owen y del jawa
transitoriamente tranquilo.
Al llegar al final de la fila, el granjero entrecerró
los ojos mientras se concentraba en el acabado de
bronce cubierto de arena, pero todavía brillante, del
alto y humanoide Threepio.
—Supongo que funcionas — dijo gruñendo al ro-
bot—. ¿Sabes modales y protocolo?
—¿Si sé protocolo? — repitió Threepio mientras el
granjero lo miraba de arriba abajo. Threepio estaba
decidido a crearle dificultades al jawa cuando llegara
el momento de ofrecer sus habilidades —. ¡ Si sé pro-
tocolo! Es mi función primaria. Además, estoy bien...
—No necesito un androide de protocolo — agregó
secamente el granjero.
—Yo no le culpo, señor — agregó Threepio rápida-
mente—. No podría estar más de acuerdo con usted.
¿Acaso existe un lujo más antieconómico en un clima
como éste? Para alguien con sus negocios, señor, un
androide de protocolo sería un gasto inútil. No, se-
ñor... Versatilidad es mi segundo nombre. See V.
Threepio, V de versatilidad, a su servicio. He sido pro-
gramado para más de treinta funciones secundarias
que sólo exigen...
El granjero le interrumpió y mostró una arrogan-
te indiferencia hacia las funciones secundarias de
Threepio, todavía sin enumerar:
—Necesito un androide que tenga conocimientos