sobre el lenguaje binario de los evaporadores de hu-
medad independientemente programables.
—¡ Evaporadores! Los dos estamos de suerte —re-
puso Threepio—. Mi primera tarea posprimaria con-
sistió en programar elevadores de carga binarios. Muy
semejantes en la construcción y en la función de la
memoria a sus evaporadores. Casi podríamos decir...
Luke dio un golpecito en el hombro de su tío y le
susurró algo al oído. Su tío asintió y volvió a mirar al
solícito Threepio.
—¿Hablas bocee?
—Por supuesto, señor — replicó Threepio, confian-
do para variar en una respuesta veraz —. Para mí, es
como un segundo idioma. Hablo el bocee con tanta
fluidez como...
—Cállate. — Owen Lars miró al jawa —. También
me quedaré con éste.
—Me callaré, señor —respondió Threepio con ra-
pidez, y le costó trabajo ocultar el júbilo que le pro-
ducía haber sido elegido.
—Luke, llévalos al garaje — le dijo su tío —. Quie-
ro que tengas limpios a los dos para la hora de la
cena.
Luke miró con recelo a su tío.
—Pero estaba a punto de marcharme a la estación
de Tosche para recoger unos convertidores de energía
nuevos y...
—No me mientas, Luke —advirtió su tío severa-
mente—. No me molesta que pierdas el tiempo con
tus ociosos amigos, siempre que lo hagas después de
terminar tus tareas. Ahora ponte al trabajo... y re-
cuerda, antes de la cena.
Abatido, Luke se dirigió de mal humor a Threepio
y al pequeño robot agrícola. Sabía que no convenía
discutir con su tío.
—Vosotros dos, seguidme. —Comenzaron a cami-