grupo de máquinas que regresaban hacia la fortaleza
móvil. Fue una tarea bastante sencilla, pues todos los
jawa estaban concentrados en la discusión entre su
jefe y el tío de Luke.
Puesto que carecía de la suficiente armadura para
gesticular ampulosamente, de repente la unidad Artoo
emito un agudo silbido que interrumpió cuando fue
evidente que había llamado la atención de Threepio.
El alto androide golpeó suavemente a Luke en el
hombro y susurró con tono conspirador.
—Joven señor, si me permite, le diré que esa uni-
dad Artoo es una verdadera ganga. Está en inmejora-
bles condiciones. Creo que estos seres no tienen la
menor idea de la excelente forma en que se encuentra.
No deje que la arena y el polvo le engañen.
Para bien o para mal, Luke tenía la costumbre de
tomar decisiones instantáneas.
—¡Tio Owen! — gritó.
Su tío le miró rápidamente, interrumpiendo la dis-
cusión pero sin dejar de prestar atención al jawa.
Luke señaló a Artoo Detoo.
—Nosotros no queremos problemas. ¿Qué dices de
cambiar éste —señaló al androide agrícola quema-
do— por aquél?
El hombre mayor estudió con mirada profesional
a la unidad Artoo y luego contempló a los jawas. Aun-
que innatamente cobardes, los pequeños recogedores
del desierto
podían
ser arrastrados demasiado lejos.
El vehículo arenero podía arrasar la granja... bajo el
riesgo de incitar a la comunidad humana a una ven-
ganza mortal.
Enfrentado a la situación de que nada ganaría por
ningún lado si insistía demasiado, Owen continuó la
discusión por el gusto de hacerlo, antes de aceptar
malhumorado. El jawa dirigente accedió de mala gana
al cambio y ambas partes lanzaron un suspiro mental
de alivio porque se habían evitado las hostilidades.