marcha la rebelión? ¿El Imperio la toma en serio?
¿Has visto muchas naves destruidas?
—Por favor, señor, un poco más despacio — supli-
có Threepio —. Usted confunde nuestro status. Somos
espectadores inocentes. Nuestra implicación en la re-
belión fue algo sumamente marginal. En cuanto a ba-
tallas, creo que estuvimos en varias. Es difícil saberlo
cuando uno no tiene contacto directo con la verdade-
ra maquinaria bélica. — Se encogió sencillamente de
hombros—. Fuera de esto, no hay mucho que decir.
Recuerde, señor, que soy poco más que la figura de un
intérprete, que no soy muy bueno para contar o na-
rrar historias y que aún soy peor para embellecerlas.
Soy una máquina muy literal.
Decepcionado, Luke se alejó y continuó con la lim-
pieza de Artoo Detoo. Unas raspaduras adicionales hi-
cieron aparecer algo lo bastante desconcertante como
para exigir toda su atención. Entre los dos conductos
en forma de barra que normalmente formaban una
conexión, estaba fuertemente encajado un pequeño
fragmento de metal. Luke dejó el delicado pico y re-
currió a un instrumento más grande.
—Bueno, amiguito — murmuró —, aquí tienes algo
realmente encajado. —Mientras empujaba y hacía pa-
lanca, Luke dirigó la mitad de su atención a Three-
pio—: ¿Estabais en un carguero galáctico o era...?
El metal cedió con un poderoso chasquido y el
retroceso hizp resbalar a Luke. Se levantó, comenzó a
maldecir... y se interrumpió, paralizado.
La delantera de la unidad Artoo había comenzado
a brillar y emitía una imagen tridimensional de menos
de un tercio de metro cuadrado pero claramente de-
finida. El retrato que se formó dentro del cuadrado
era tan exquisito que un par de minutos después Luke
descubrió que estaba sin resuello... porque se había
olvidado de respirar.
A pesar de la nitidez superficial, la imagen parpa-