que debió borrarse pero quedó intacta. Insisto en que
no hagamos caso.
Esto equivalía a decirle a Luke que ignorara un es-
condrijo enemigo con el que podría tropezar en el de-
sierto.
—¿Quién es ella? —preguntó mientras miraba em-
belesado el holograma—. Es hermosa.
—En realidad, no sé quién es —confesó Threepio
con sinceridad —. Es posible que haya sido una pasa-
jera de nuestro último viaje. Por lo que recuerdo, era
un personaje importante. Tal vez esto tuviera algo
que ver con el hecho de que nuestro capitán era agre-
gado en...
Luke le interrumpió y saboreó el modo como los
labios sensuales formaban y volvían a formar el frag-
mento de la frase.
—¿Esta grabación tiene algo más? Parece incom-
pleta —Luíle se puso de pie y se acercó a la unidad
Artoo.
El robot retrocedió y emitió silbidos de tan frené-
tica preocupación que Luke titubeó y
sv
contuvo antes
de llegar a los mandos internos.
Threepio estaba desconcertado.
—Pórtate bien, Artoo — reprendió por último a su
compañero —. Vas a meternos en líos. — Tuvo la vi-
sión de que ambos eran devueltos a los jawas por no
cooperar, lo cual fue suficiente para que remedara un
temblor—. Todo está bien... ahora él es nuestro amo
— Threepio señaló a Luke —. Puedes confiar en él.
Creo que piensa en lo mejor para nosotros.
Artoo pareció vacilar, inseguro. Después silbó, emi-
tió un bip y un largo y complejo mensaje a su amigo.
—¿Y bien? —les aguijoneó Luke impaciente.
Threepio hizo una pausa antes de responder.
—Dice que es propiedad de un tal Obi-wan Kenobi,
residente en este mundo. En realidad, en esta misma
región. El fragmento de la frase que oímos forma par