Volvió a acercarse a los mandos internos de Artoo,
pero el robot retrocedió de nuevo y emitió una raya
azul.
—Dice que hay un tomillo del separador que lo
contiene y que establece un cortocircuito en sus com-
ponentes de automotivación —tradujo Threepio—.
Afirma que si usted quita el tornillo tal vez pueda re-
petir todo el mensaje — concluyó Threepio, inseguro.
Como Luke seguía con la vista fija en el retrato, Three-
pio agregó vocingleramente—;
¡Señor!
Luke se estremeció.
—¿Qué...? Oh, sí. —Analizó la propuesta. Después
se acercó y miró el interior del panel abierto. Esta vez
Artoo no retrocedió —. Creo que lo veo. Bueno, su-
pongo que eres demasiado pequeño para huir de mí
si te lo quito. Me pregunto para qué enviaría alguien
un mensaje al viejo Ben.
Luke escogió la herramienta adecuada, se agachó
sobre los circuitos al descubierto y retiró el tornillo
de contención. El primer resultado perceptible de su
acción fue la desaparición del retrato.
Luke retrocedió.
—Ya está. —Se produjo una desagradable pausa
durante la cual el holograma no dio muestras de re-
gresar—. ¿Dónde ha ido? —preguntó Luke finalmen-
te —. Haz que regrese. Artoo Detoo, pasa todo el men-
saje.
Del robot surgió un bip que parecía inocente.
Threepio se mostró incómodo y nervioso al traducir:
—Ha dicho, «¿Qué mensaje?» —Threepio volcó su
enfurecida atención en su compañero—. ¿Qué mensa-
je? ¡Tú sabes qué mensaje! El mismo del que acabas
de pasarnos un fragmento. ¡El que llevas en tus tripas
oxidadas y recalcitrantes, testarudo montón de cha-
tarra!
Artoo se sentó y zumbó suavemente para sus aden-
tros.