—Lo siento, señor — agregó Threepio lentamen-
te —, pero muestra señales de haber sufrido una con-
moción alarmante en su módulo racional de obedien-
cia. Tal vez, si nosotros...
Una voz procedente de un pasillo le interrumpió:
—¡Luke... oh, Luke... ven a cenar!
Luke vaciló, se levantó y se alejó del desconcertan-
te androide pequeño.
—¡Está bien! —gritó—. ¡Ya voy, tía Beru! —Bajó
la voz al dirigirse a Threepio —: Averigua si puedes
hacer algo con él. En seguida estaré de vuelta. — Dejó
sobre el banco de trabajo el tornillo de contención
que acababa de quitar y salió a toda prisa del garaje.
En cuanto el humano se marchó, Threepio se diri-
gió a su compañero.
—Será mejor que pienses en que le pasarás toda
la grabación — gruñó señalando sugerentemente el
banco de trabajo cargado de piezas de máquinas des-
membradas —. De lo contrario, es probable que recoja
ese pico de limpieza y comience a hurgar. Tal vez no
tenga demasiado cuidado con lo que corta si cree que
deliberadamente le ocultas algo.
Artoo emitió un bip quejumbroso.
—No — respondió Threepio —, no creo que le cai-
gas bien.
El segundo bip no logró alterar el severo tono de
voz del robot más alto.
—No, a mí tampoco me caes bien.