IV
Beru, la tía de Luke, llenaba una jarra con un lí-
quido azul que extraía de un depósito refrigerado. De-
trás de ella, en la zona del comedor, se producía un
zumbido uniforme de conversación que llegaba hasta
la cocina.
Suspiró entristecida. Las discusiones que su mari-
do y Luke sostenían a la hora de las comidas se ha-
bían vuelto más amargas a medida que el desasosiego
del muchacho lo arrastraba por rumbos distintos a la
agricultura. En direcciones por las que Owen, un im-
pasible hombre de la tierra, no tenía la más mínima
simpatía.
Guardó el voluminoso depósito en la unidad refri-
geradora, colocó la jarra en una bandeja y volvió rau-
damente al comedor. Beru no era una mujer sagaz
pero comprendía instintivamente su importante posi-
ción en aquella casa. Funcionaba como las varillas
humedecidas de un reactor nuclear. Mientras ella es-
tuviera presente, Owen y Luke seguirían produciendo
gran alboroto, pero si se mantenía alejada de ellos du-
rante demasiado rato...
¡bum!
Las unidades condensadoras empotradas en la par-
te inferior de cada fuente mantenían caliente la comi-