da en la mesa mientras ella entraba. Inmediatamente,
ambos hombres dieron a sus voces un tono civilizado
y cambiaron de tema. Beru fingió no reparar en ello.
—Tío Owen, creo que la unidad Artoo tal vez fue
robada — decía Luke, como si ése hubiera sido el tema
de conversación.
Su tío cogió la jarra de la leche y refunfuñó la res-
puesta con la boca llena de comida:
—Los jawas tienen tendencia a recoger todo lo que
no está atado, Luke, pero recuerda que básicamente
tienen miedo hasta de su propia sombra. Para recurrir
a un robo cabal tendrían que haber analizado las con-
secuencias de ser perseguidos y castigados. Teórica-
mente, sus mentes son incapaces de hacerlo. ¿Qué te
ha llevado a pensar que ese androide es robado?
—En primer lugar, está en muy buena forma para
ser un desecho. Generó la grabación de un holograma
mientras lo limpiaba... —Luke intentó ocultar el ho-
rror que le produjo su propio desliz. Agregó apresu-
radamente —: Pero eso carece de importancia. Creo
que podría ser robado pues afirma que pertenece a
alguien a quien llama Obi-wan Kenobi.
Quizá la comida, o la leche, hicieron que el tío de
Luke se atragantara. También pudo ser una expresión
de repugnancia, que era el modo en que Owen emitía
su opinión acerca de ese extraño personaje. De todos
modos, siguió comiendo sin mirar a su sobrino.
Luke fingió que la expresión de disgusto de su tío
nunca había existido.
—Pensé — prosiguió decidido —, que tal vez se re-
fería al viejo Ben. El primer nombre es distinto, pero
el último es el mismo. — Como su tío mantenía tenaz-
mente el silencio, Luke lo abordó directamente—: Tío
Owen, ¿tú sabes a quién se refiere?
Sorprendentemente, su tío se mostró incómodo en
lugar de enfurecido.
—Es una tontería — murmuró, sin hacer frente a