la mirada de Luke —. Un nombre de otra época — se
agitó nerviosamente en la silla —. Un nombre que sólo
puede traer problemas.
Luke se negó a hacer caso de la amenaza implí-
cita e insistió:
—¿Entonces se trata de alguien relacionado con el
viejo Ben? No sabía que tuviera parientes.
—No te acerques a ese viejo brujo, ¿me oyes?
—estalló su tío convirtiendo torpemente la sensatez
en una amenaza.
—Owen... — comenzó a intervenir con suavidad la
tía Beru; pero el fornido granjero la interrumpió se-
veramente.
—Escucha, Beru, esto es importante. —Volvió a
ocuparse de su sobrino —. Ya te he hablado de Keno-
bi. Es un viejo loco, peligroso, lleno de malicia y es
mejor dejarle en paz. — La mirada suplicante de Beru
le apaciguó un tanto —. Ese androide no tiene nada
que ver con él. No es posible — murmuró como si ha-
blara consigo mismo—. ¡Una grabación... ja! Bien,
quiero que mañana te lleves la unidad a Anchorhead
y le borres la memoria. —Con un bufido, Owen se
concentró decidido en la comida—. Así pondré fin a
esta estupidez. No me importa de dónde cree esa má-
quina que ha venido. He pagado mucho por ella y aho-
ra nos pertenece.
—Pero supongamos que
pertenece
a otra persona
— insistió Luke —. ¿Y si este Obi-wan viene en busca
de su androide?
Una expresión entre compasiva y burlona atravesó
el rostro arrugado de su tío.
—No lo hará. Creo que ese hombre ya no existe.
Murió aproximadamente en la misma época que tu
padre. — Se llenó la boca de comida caliente —. Aho-
ra olvídate de esto.
—Entonces
fue
una persona real —murmuró Lu-