ke con la vista fija en el plato. Agregó lentamente—:
¿Conoció a mi padre?
—He dicho que lo olvides — replicó Owen —. Tu
única preocupación respecto a esos dos androides con-
siste en que los tengas preparados para que empiecen
a trabajar mañana. Recuerda que hemos invertido
nuestros últimos ahorros en ellos. No los habría com-
prado si la cosecha no estuviera tan próxima. —Es-
grimió la cuchara ante su sobrino —. Quiero que por
la mañana los pongas a trabajar con las unidades de
irrigación en la sierra sur.
—Creo que estos androides trabajarán bien — re-
plicó Luke con frialdad—. En realidad... —vaciló y
dirigió a su tío una mirada subrepticia —, pensaba en
el acuerdo que hemos hecho acerca de que me quedaré
otra temporada.
Como su tío no reaccionó, Luke siguió hablando
antes de que su valor se derrumbara.
—Si estos androides nuevos funcionan, quiero en-
viar mi solicitud para ingresar en la Academia el año
próximo.
Owen frunció el ceño e intentó ocultar su disgusto
con un bocado.
—Querrás decir que desear
enviar la solicitud
el
año que viene... después de la cosecha.
—Ahora tienes androides de sobra y están en buen
estado. Durarán.
—Androides, sí —afirmó su tío—. Luke, los an-
droides no pueden reemplazar a un hombre. Y tú lo
sabes. Durante la cosecha es cuando más te necesito.
Sólo una temporada más después de ésta. — Apartó la
mirada, ya sin jactancia ni ira.
Luke jugó con los alimentos, sin comer y en si-
lencio.
—Escucha — le dijo su tío —, por primera vez te-
nemos la oportunidad de amasar una verdadera for-
tuna. Ganaremos lo suficiente para que a la siguiente