lo había utilizado para persuadir a Luke de que le qui-
tara el módulo de contención. Probablemente la acti-
tud de Threepio era correcta. Pero en cuanto Luke
realizara sus circuitos y limpiara sus acoplamientos
lógicos, sería una unidad agrícola totalmente utiliza-
ble. Sólo que... si era así, ¿por qué Threepio miraba
tan inquieto a su alrededor?
—Oh, cielos, señor. Artoo afirma que por el sudeste
se acercan varios seres de tipo desconocido.
Aunque
podía
ser otro intento de distracción por
parte de Artoo, Luke no podía correr el riesgo de no
prestarle atención. Se llevó instantáneamente el riüe
al hombro y activó la célula energética. Examinó el
horizonte en la dirección indicada pero no vio nada.
Pero convenía recordar que los habitantes de la arena
eran expertos en hacerse invisibles.
Súbitamente, Luke comprendió con exactitud cuan
lejos estaban, cuánto terreno había cubierto esa ma-
ñana el vehículo terrestre.
—Nunca me había alejado tanto de la granja en
esta dirección — informó a Threepio —. Aquí viven
seres espantosamente extraños. No todos están clasi-
ficados. Conviene considerarlo todo como peligroso
hasta que se demuestre lo contrario. Por supuesto, si
es algo totalmente nuevo... —La curiosidad le aguijo-
neaba. De todos modos, probablemente se trataba de
otro ardid de Artoo Detoo—. Echemos un vistazo
— propuso.
Avanzó cuidadosamente con el rifle preparado y
condujo a Threepio hacia la cumbre de una elevada
duna cercana. A la vez, se ocupó de no perder de vista
a Artoo.
Al llegar arriba, se acostó y cambió el rifle por los
prismáticos. Abajo se abría otro cañón que se elevaba
hasta una muralla de orín y almagre azotada por el
viento. Al desplazar lentamente los prismáticos por el