Detrás de ellos se oyó un gruñido; Luke giró y ob-
servó a un satisfecho Kenobi que se acercaba. Entregó
a Luke un chisme pequeño y de aspecto inocuo que el
joven estudió con interés.
Se componía de un mango corto y grueso con un
par de palanquitas empotradas. Encima del reducido
mango había un disco metálico de diámetro apenas
mayor que su palma abierta. Tanto en el mango como
en el disco había incrustados diversos componentes
desconocidos, semejantes a joyas, incluido algo que
parecía la célula energética más pequeña que Luke ha-
bía visto en su vida. La otra cara del disco tenía el
brillo de un espejo. Pero fue la célula energética lo
que más desconcertó a Luke. A juzgar por su forma,
la capacidad de la célula, fuera la que fuese, exigía una
gran cantidad de energía.
A pesar de la afirmación de que había pertenecido
a su padre, el chisme parecía recientemente fabricado.
Sin duda alguna, Kenobi lo había conservado con todo
cuidado. Sólo algunas minúsculas raspaduras en la
empuñadura indicaban que ya se había utilizado.
—¿Señor? — Se oyó una voz conocida que Luke no
había oído durante un rato.
—¿Qué? — Luke fue así apartado bruscamente de
la observación del objeto que Kenobi le había entre-
gado.
—Si no me necesita —declaró Threepio—, creo
que me interrumpiré un rato. Esto contribuirá a que
los nervios de la armadura se entretejan y, de todos
modos, me toca efectuar una autolimpieza interna.
—Claro que sí, adelante — replicó Luke distraído,
y retornó fascinado al estudio del objeto desconocido.
Detrás de él, Threepio guardó silencio y el resplandor
de sus ojos se apagó provisionalmente. Luke notó que
Kenobi le observaba con interés—. ¿Qué es? —pre-
guntó por último, pues a pesar de todos sus esfuerzos,
no había logrado identificar el artilugio.