—¿Cómo murió mi padre? —inquirió éste.
Kenobi vaciló y Luke comprendió que el viejo no
deseaba hablar sobre el tema en concreto. Sin embar-
go, a diferencia de Owen Lars, Kenobi era incapaz de
refugiarse en una mentira cómoda.
—Le traicionó y asesinó — declaró Kenobi solem-
nemente, sin mirar a Luke— un jedi muy joven, lla-
mado Darth Vader. Un muchacho que yo estaba pre-
parando. Uno de mis discípulos más brillantes... uno
de mis mayores fracasos. —Kenobi empezó a cami-
nar —. Vader aprovechó las enseñanzas que le di y su
fuerza interior para dedicarse al mal, para ayudar a
los emperadores corrompidos. Puesto que los caballe-
ros jedi se habían desbandado, estaban desorganiza-
dos o muertos, hubo pocos que se opusieron a Vader.
Hoy, prácticamente todos están extinguidos. — Una
expresión indescifrable recorrió el rostro de Kenobi —.
En muchos sentidos, eran demasiado buenos, excesi-
vamente confiados. Confiaron demasiado en la estabi-
lidad de la República y no lograron comprender que
aunque el cuerpo podía ser robusto, la mente enferma-
ba, se debilitaba, y quedaba expuesta a la manipula-
ción de seres como el Emperador. Me hubiera gustado
saber qué perseguía Vader. Me da la impresión de que
se toma tiempo para preparar alguna maldad insospe-
chada. Ése es el destino de aquel que domina la fuer-
za y está consumido por su parte oscura.
Luke frunció el ceño, confundido.
—¿La fuerza? Es la segunda vez que usted mencio-
na «la fuerza».
Kenobi asintió con la cabeza.
—A veces olvido en presencia de quién hablo. Di-
gamos sencillamente que la fuerza es algo con lo que
un jedi debe relacionarse. Aunque nunca fue correcta-
mente explicada, los científicos propusieron la teoría
de que se trata de un campo de energía generado por
las cosas vivientes. El hombre primitivo sospechó de