Y comprendió la expresión que reflejaban aquellos rostros: angustia, miedo, horror. Le
tenían miedo. Ellos le veían como un monstruo terrible y desconocido, de una malignidad
más odiosa que la de la plaga. Un espectro invisible que como prueba de su existencia
sembraba el suelo con los cadáveres desangrados, de sus seres queridos. Y Neville los
comprendió, y dejó de odiarlos. La mano derecha apretó el paquetito de pildoras. Por lo
menos el fin no sería violento, por lo menos no habría una carnicería...
Neville observó a los nuevos habitantes de la tierra. No era uno de ellos. Semejante a
los vampiros, era un anatema y un terror oscuro que debían eliminar y destruir. Y de
pronto nació la nueva idea, divirtiéndolo, a pesar del dolor.
Tosió carraspeando. Se dio vuelta y se apoyó en la pared mientras se tomaba las
pildoras. Se estrecha el círculo. Un nuevo terror nacido de la muerte, una nueva
superstición que invade la fortaleza del tiempo.
Soy leyenda.
FIN