Mas cuando Zaratustra estuvo solo, habló así a su corazón: «¡Será posible! ¡Este viejo
santo en su bosque no ha oído todavía nada de que
Dios
ha muerto!»
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Hacia el final de la obra el papa jubilado vendrá en busca de este anciano eremita y encontrará que ha
muerto; véase, en la cuarta parte,
Jubilado.
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Véase, en esta primera parte, De los
trasmundanos,
y Del
camino del creador,
y en la segunda parte,
El
adivino,
donde vuelve a aparecer la referencia a las cenizas. La ceniza es símbolo de la cremación y el
rechazo de los falsos ideales juveniles.
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La pureza de los ojos y la ausencia de asco en la boca son atributos de Zaratustra a los que se hace refe-
rencia en numerosas ocasiones; véase, por ejemplo, en la segunda parte, De los
sublimes,
y en la cuarta,
El
mendigo voluntario.
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«El despierto» es un calificativo usual de Buda, que aquí se aplica a Zaratustra.
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Alusión a
1 Tesalonicenses, 5, 2:
«Pues
sabéis perfectamente que el día del Señor llegará como un la-
drón de noche».
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La idea de la muerte de Dios, que recorre la obra entera, y su ignorancia por parte del santo eremita,
será tema de conversación entre Zaratustra y el papa jubilado cuando ambos hablen del eremita ya falleci-
do. Véase, en la cuarta parte,
Jubilado.
3
Cuando Zaratustra llegó a la primera ciudad, situada al borde de los bosques, encontró
reunida en el mercado
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una gran muchedumbre: pues estaba prometida la exhibición de
un volatinero. Y Zaratustra habló así al pueblo:
Yo os enseño el superhombre
14
.
El hombre es algo que debe ser superado. ¿Qué habéis
hecho para superarlo?
Todos los seres han creado hasta ahora algo por encima de sí mismos: ¿y queréis ser
vosotros el reflujo de ese gran flujo y retroceder al animal más bien que superar al hom-
bre?
¿Qué es el mono para el hombre? Una irrisión o una vergüenza dolorosa. Y justo eso es
lo que el hombre debe ser para el superhombre: una irrisión o una vergüenza dolorosa
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.
Habéis recorrido el camino que lleva desde el gusano hasta el hombre, y muchas cosas
en vosotros continúan siendo gusano. En otro tiempo fuisteis monos, y también ahora es
el hombre más mono que cualquier mono.
Y el más sabio de vosotros es tan sólo un ser escindido, híbrido de planta y fantasma.
Pero ¿os mando yo que os convirtáis en fantasmas o en plantas?
¡Mirad, yo os enseño el superhombre!
El superhombre es el sentido de la tierra. Diga vuestra voluntad:
¡sea
el superhombre el
sentido de la tierra!
¡Yo os conjuro, hermanos míos,
permaneced fieles a la tierra
y no creáis a quienes os
hablan de esperanzas sobreterrenales! Son envenenadores, lo sepan o no.
Son despreciadores de la vida, son moribundos y están, ellos también, envenenados, la
tierra está cansada de ellos: ¡ojalá desaparezcan!
En otro tiempo el delito contra Dios era el máximo delito, pero Dios ha muerto y con Él
han muerto también esos delincuentes. ¡Ahora lo más horrible es delinquir contra la tierra
y apreciar las entrañas de lo inescrutable más que el sentido de la tierra!
En otro tiempo el alma miraba al cuerpo con desprecio: y ese desprecio era entonces lo
más alto: - el alma quería el cuerpo flaco, feo, famélico. Así pensaba escabullirse del
cuerpo y de la tierra.
Oh, también esa alma era flaca, fea y famélica: ¡y la crueldad era la voluptuosidad de
esa alma!
Mas vosotros también, hermanos míos, decidme: ¿qué anuncia vuestro cuerpo de vues-
tra alma? ¿No es vuestra alma acaso pobreza y suciedad y un lamentable bienestar?