«Por mi honor, amigo, respondió Zaratustra, todo eso de que hablas no existe: no hay ni
diablo ni infierno. Tu alma estará muerta aún más pronto que tu cuerpo
26
: así, pues, ¡no
temas ya nada!»
El hombre alzó su mirada con desconfianza. «Si tú dices la verdad, añadió luego, nada
pierdo perdiendo la vida. No soy mucho más que un animal al que, con golpes y escasa
comida, se le ha enseñado a bailar.»
«No hables así, dijo Zaratustra, tú has hecho del peligro tu profesión, en ello no hay na-
da despreciable. Ahora pereces a causa de tu profesión: por ello voy a enterrarte con mis
propias manos.»
Cuando Zaratustra hubo dicho esto, el moribundo ya no respondió; pero movió la mano
como si buscase la mano de Zaratustra para darle las gracias. -
26
Un desarrollo de esta idea puede verse en esta primera parte,
De los despreciadores del cuerpo,
y, en la
tercera parte,
El convaleciente:
«Las almas son tan mortales como los cuerpos.»
7
Entretanto iba llegando el atardecer, y el mercado se ocultaba en la oscuridad: el pueblo
se dispersó entonces, pues hasta la curiosidad y el horror acaban por cansarse. Mas Zara-
tustra estaba sentado en el suelo junto al muerto, hundido en sus pensamientos: así olvidó
el tiempo. Por fin se hizo de noche, y un viento frío sopló sobre el solitario. Zaratustra se
levantó entonces y dijo a su corazón:
¡En verdad, una hermosa pesca ha cobrado hoy Zaratustra! No ha pescado ni un solo
hombre
27
, pero sí, en cambio, un cadáver.
Siniestra es la existencia humana, y carente aún de sentido: un bufón puede convertirse
para ella en la fatalidad.
Yo quiero enseñar a los hombres el sentido de su ser: ese sentido es el superhombre, el
rayo que brota de la oscura nube que es el hombre.
Mas todavía estoy muy lejos de ellos, y mi sentido no habla a sus sentidos. Para los
hombres yo soy todavía algo intermedio entre un necio y un cadáver.
Oscura es la noche, oscuros son los caminos de Zaratustra
28
. ¡Ven, compañero frío y rí-
gido! Te llevaré adonde voy a enterrarte con mis manos.
27
La expresión «pescador de hombres» es evangélica. Véase el
Evangelio de Mateo,
4, 19, «Venid en
pos de mí y os haré pescadores de hombres» (Jesús a Pedro y a Andrés). Véase también, en la cuarta parte,
La ofrenda de la miel.
28
Cita ligeramente modificada de Proverbios, 4,19: «Oscuros son los caminos del ateo» (traducción de
Lutero). Lutero emplea el término
gottlos
(literalmente: sin-dios), expresión que luego va a ser epíteto
constante de Zaratustra. Pero son los «buenos y justos» los que se lo aplican; véase, en la tercera parte,
De
la virtud empequeñecedora
. Pero luego Zaratustra se apropiará con orgullo de esa calificación. Los buenos
y justos son también los que llaman a Zaratustra «el aniquilador de la moral»; véase, más adelante,
De la
picadura de la víbora.
8
Cuando Zaratustra hubo dicho esto a su corazón, cargó el cadáver sobre sus espaldas y
se puso en camino. Y no había recorrido aún cien pasos cuando se le acercó furtivamente
un hombre y comenzó a susurrarle al oído - y he aquí que quien hablaba era el bufón de
la torre. «Vete fuera de esta ciudad, Zaratustra, dijo; aquí son demasiados los que te
odian. Te odian los buenos y justos
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y te llaman su enemigo y su despreciador; te odian
los creyentes de la fe ortodoxa, y éstos te llaman el peligro de la muchedumbre. Tu suerte
ha estado en que la gente se rió de ti: y, en verdad, hablabas igual que un bufón. Tu suerte