¿Quién es el gran dragón, al que el espíritu no quiere seguir llamando señor ni dios?
«Tú debes» se llama el gran dragón. Pero el espíritu del león dice «yo quiero».
«Tú debes» le cierra el paso, brilla como el oro, es un animal escamoso, y en cada una
de sus escamas brilla áureamente «¡Tú debes!».
Valores milenarios brillan en esas escamas, y el más poderoso de todos los dragones
habla así: «todos los valores de las cosas - brillan en mí».
«Todos los valores han sido ya creados, y yo soy - todos los valores creados. ¡En ver-
dad, no debe seguir habiendo ningún “Yo quiero!”» Así habla el dragón.
Hermanos míos, ¿para qué se precisa que haya el león en el espíritu? ¿Por qué no basta
la bestia de carga, que renuncia a todo y es respetuosa?
Crear valores nuevos - tampoco el león es aún capaz de hacerlo: mas crearse libertad
para un nuevo crear - eso sí es capaz de hacerlo el poder del león.
Crearse libertad y un no santo incluso frente al deber: para ello, hermanos míos, es pre-
ciso el león.
Tomarse el derecho de nuevos valores - ése es el tomar más horrible para un espíritu de
carga y respetuoso. En verdad, eso es para él robar, y cosa propia de un animal de rapiña.
En otro tiempo el espíritu amó el «Tú debes» como su cosa más santa: ahora tiene que
encontrar ilusión y capricho incluso en lo más santo, de modo que robe el quedar libre de
su amor: para ese robo se precisa el león.
Pero decidme, hermanos míos, ¿qué es capaz de hacer el niño que ni siquiera el león ha
podido hacer? ¿Por qué el león rapaz tiene que convertirse todavía en niño?
Inocencia es el niño, y olvido, un nuevo comienzo, un juego, una rueda que se mueve
por sí misma, un primer movimiento, un santo decir sí.
Sí, hermanos míos, para el juego del crear se precisa un santo decir sí: el espíritu quiere
ahora su voluntad, el retirado del mundo conquista ahora su mundo.
Tres transformaciones del espíritu os he mencionado: cómo el espíritu se convirtió en
camello, y el camello en león, y el león, por fin, en niño. - -
Así habló Zaratustra. Y entonces residía en la ciudad que es llamada: La Vaca Multico-
lor
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.
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Reminiscencia, modificando su sentido, del
Evangelio de Mateo,
4, 1. En el evangelio es el Tentador el
que sube a la montaña para inducir a Jesús a pecar.
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Véase el
Evangelio de Mateo,
5, 44: «Amad a vuestros enemigos.»
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La expresión «La Vaca Multicolor»
(die bunte Kuh)
es traducción literal del nombre de la ciudad Kal-
masadalmyra (en pali: Kammasuddaman), visitada por Buda en sus peregrinaciones.
De las cátedras de la virtud
Le habían alabado a Zaratustra un sabio que sabía hablar bien del dormr
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y de la vir-
tud: por ello, se decía, era muy honrado y recompensado, y todos los jóvenes se sentaban
ante su cátedra. A él acudió Zaratustra, y junto con todos los jóvenes se sentó ante su
cátedra. Y así habló el sabio:
¡Sentid respeto y pudor ante el dormir! ¡Eso es lo primero! ¡Y evitad a todos los que
duermen mal y están desvelados por la noche!
Incluso el ladrón siente pudor ante el dormir: siempre roba a hurtadillas y en silencio
por la noche. En cambio el vigilante nocturno carece de pudor, sin pudor alguno vaga-
bundea con su trompeta.
Dormir no es arte pequeño: se necesita, para ello, estar desvelado el día entero.