A quien ahora se pone enfermo asáltalo el mal, lo que ahora es mal: el enfermo quiere
causar daño con aquello que a él le causa daño. Pero ha habido otros tiempos, y otros
males y bienes.
En otro tiempo eran un mal la duda y la voluntad de símismo. Entonces el enfermo se
convertía en hereje y en bruja: como hereje y como bruja sufría y quería hacer sufrir.
Pero esto no quiere entrar en vuestros oídos: perjudica a vuestros buenos, me decís.
¡Mas qué me importan a mí vuestros buenos!
Muchas cosas de vuestros buenos me producen náuseas, y, en verdad, no su mal. ¡Pues
yo quisiera que tuvieran una demencia a causa de la cual pereciesen, como ese pálido
delincuente!
En verdad, yo quisiera que su demencia se llamase verdad o fidelidad o justicia: pero
ellos tienen su virtud para vivir largo tiempo y en un lamentable bienestar.
Yo soy un pretil junto a la corriente
59
: ¡agárreme el que pueda agarrarme! Pero yo no
soy vuestra muleta. -
Así habló Zaratustra.
59
Sobre los «pretiles junto a la corriente» puede verse luego, en la tercera parte, De tablas
viejas y nue-
vas,
8, y la nota 375.
Del leer y el escribir
De todo lo escrito yo amo sólo aquello que alguien escribe con su sangre. Escribe tú
con sangre: y te darás cuenta de que la sangre es espíritu.
No es cosa fácil el comprender la sangre ajena: yo odio a los ociosos que leen.
Quien conoce al lector no hace ya nada por el lector. Un siglo de lectores todavía - y
hasta el espíritu olerá mal.
El que a todo el mundo le sea lícito aprender a leer corrompe a la larga no sólo el escri-
bir, sino también el pensar.
En otro tiempo el espíritu era Dios
60
, luego se convirtió en hombre, y ahora se convierte
incluso en plebe.
Quien escribe con sangre y en forma de sentencias, ése no quiere ser leído, sino apren-
dido de memoria.
En las montañas el camino más corto es el que va de cumbre a cumbre: mas para ello
tienes que tener piernas largas. Cumbres deben ser las sentencias: y aquellos a quienes se
habla, hombres altos y robustos.
El aire ligero y puro, el peligro cercano y el espíritu lleno de una alegre maldad: estas
cosas se avienen bien.
Quiero tener duendes a mi alrededor, pues soy valeroso. El valor que ahuyenta los fan-
tasmas se crea sus propios duendes,- el valor quiere reír.
Yo ya no tengo sentimientos en común con vosotros: esa nube que veo por debajo de
mí, esa negrura y pesadez de que me río, - cabalmente ésa es vuestra nube tempestuosa.
Vosotros miráis hacia arriba cuando deseáis elevación. Y yo miro hacia abajo, porque
estoy elevado.
¿Quién de vosotros puede a la vez reír y estar elevado? Quien asciende a las montañas
más altas se ríe de todas las tragedias, de las del teatro y de las de la vida
61
.
Valerosos, despreocupados, irónicos, violentos - así nos quiere la sabiduría: es una mu-
jer y ama siempre únicamente a un guerrero
62
.
Vosotros me decís: «la vida es difícil de llevar». Mas ¿para qué tendríais vuestro orgu-
llo por las mañanas y vuestra resignación por las tardes?