¡Y si se ha cometido una gran injusticia con vosotros, cometed vosotros enseguida cin-
co pequeñas! Es horrible ver a alguien a quien la injusticia lo oprime sólo a él.
¿Sabíais ya esto? Injusticia dividida es justicia a medias. ¡Y sólo debe cargar con la in-
justicia aquel que sea capaz de llevarla!
Una pequeña venganza es más humana que ninguna. Y si el castigo no es también un
derecho y un honor para el prevaricador, entonces tampoco me gusta vuestro castigo.
Es más noble quitarse a sí mismo la razón que mantenerla, sobre todo si se la tiene. Só-
lo que hay que ser bastante rico para hacerlo.
No me gusta vuestra fría justicia; y desde los ojos de vuestros jueces me miran siempre
el verdugo y su fría cuchilla
113
. Decidme, ¿dónde se encuentra la justicia que sea amor
con ojos clarividentes?
¡Inventad, pues, el amor que soporta no sólo todos los castigos, sino también todas las
culpas!
¡Inventad, pues, la justicia que absuelve a todos, excepto a los que juzgan!
¿Queréis oír todavía otra cosa? En quien quiere ser radicalmente justo, en ése incluso la
mentira se convierte en afabilidad con los hombres.
¡Mas cómo voy yo a querer ser radicalmente justo! ¡Cómo puedo dar a cada uno lo su-
yo! Básteme esto: yo doy a cada uno lo mío.
¡En fin, hermanos, cuidad de no ser injustos con ningún eremita! ¡Cómo podría olvidar
un eremita! ¡Cómo podría él resarcirse!
Cual un pozo profundo es un eremita. Es fácil arrojar dentro una piedra; mas una vez
que ha llegado al fondo, decidme, ¿quién quiere sacarla de nuevo?
¡Guardaos de ofender al eremita! Pero si lo habéis hecho, ¡entonces matadlo además!
Así habló Zaratustra.
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Posible reminiscencia de
Hamlet,
I, 5.
La Sombra (el alma del padre de Hamlet) le cuenta a éste: «Ha
corrido la voz de que, estando yo dormido en mi jardín, me picó una serpiente...»
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Véase la nota 28.
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Antítesis de lo que dice el
Evangelio de Mateo,
5, 44:
«Bendecid a quienes os maldicen.»
113
Véase antes,
Del pálido delincuente.
Del hijo y del matrimonio
Tengo una pregunta para ti solo, hermano mío: como una sonda lanzo esta pregunta a tu
alma, para saber lo profunda que es.
Tú eres joven y deseas para ti hijos y matrimonio. Pero yo te pregunto: ¿eres un hombre
al que le sea lícito desear para sí un hijo?
¿Eres tú el victorioso, el domeñador de ti mismo, el soberano de los sentidos, el señor
de tus virtudes? Así te pregunto. ¿O hablan en tu deseo el animal y la necesidad? ¿O la
soledad? ¿O la insatisfacción contigo mismo?
Yo quiero que tu victoria y tu libertad anhelen un hijo. Monumentos vivientes debes
erigir a tu victoria y a tu liberación Por encima de ti debes construir. Pero antes tienes que
estar construido tú mismo, cuadrado
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de cuerpo y de alma.
¡No debes propagarte sólo al mismo nivel, sino hacia arriba! ¡Ayúdete para ello el jar-
dín del matrimonio!
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Un cuerpo más elevado debes crear, un primer movimiento, una rueda que gire por sí
misma, - un creador debes tú crear.
Matrimonio: así llamo yo la voluntad de dos de crear
uno
que sea más que quienes lo
crearon. Respeto recíproco llamo yo al matrimonio, entre quienes desean eso.