Quiero acabarlo: pues una sombra
155
ha llegado hasta mí -¡la más silenciosa y más lige-
ra de todas las cosas vino una vez a mí!
La belleza del superhombre llegó hasta mí como una sombra. ¡Ay, hermanos míos!
¡Qué me importan ya - los dioses! –
Así habló Zaratustra.
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En los borradores Nietzsche había previsto para este capítulo el título
De los dioses.
A pesar de la de-
signación de «afortunadas», Nietzsche no se refiere ciertamente a las islas Canarias ni a unas «islas afortu-
nadas» concretas. Si acaso, Nietzsche las situaba junto a Nápoles y aludiría a Ischia y Capri, muy conocidas
y amadas por él desde su estancia en Sorrento. En una carta a Peter Gast (12 de agosto de 1883) dice
Nietzsche lo siguiente: «Esta isla (Ischia) me obsesiona; cuando usted haya leído Así
habló Zaratustra II
hasta el final comprenderá con claridad dónde he situado yo mis “islas afortunadas”».
150
Palabras citadas por Nietzsche en
Ecce homo
para subrayar lo que él llama el
tempo
delicadamente
lento de estos discursos.
151
El verbo alemán
ziehen,
que significa «sacar» (una conclusión, por ejemplo), «extraer», «arrastrar»,
permite a Nietzsche este juego de palabras, que, desarrollado, diría lo siguiente: Es cierto que yo he «saca-
do» la conclusión de la inexistencia de Dios; pero a la vez esa inexistencia de Dios me «saca», como con-
clusión suya, a mí. O lo que es lo mismo: Yo sólo existo en cuanto conclusión de la inexistencia de Dios.
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Inversión de la frase de Goethe, que dice exactamente lo contrario: «Todo lo perecedero no es más
que un símbolo» (Fausto, final, verso 12104). Véase, en esta misma parte,
De los poetas,
así como la nota
223.
153
En
La gaya
ciencia,
aforismo 84,
al final, dice Nietzsche: «¡Para una verdad es más peligroso que un
poeta esté de acuerdo con ella que no que la contradiga! Pues como dice Homero: “Mucho mienten los
poetas.”» Aristóteles, que cita esta misma frase, afirma que se trata de un «proverbio»
(Metafísica,
983
a
3). Véase Solón, fragmento 26
(Hiller). Véase también, en esta misma parte,
De los poetas,
donde, en diá-
logo con uno de sus discípulos, Zaratustra desarrolla este «proverbio».
154
Esta misma frase se repite y amplifica en la tercera parte, De tablas
viejas y nuevas, 16.
Es antitética
de la frase evangélica: «La verdad os hará libres»
(Evangelio de Juan,
8, 32).
155
A esta sombra, llamada más tarde «la sombra de Zaratustra», le estará dedicado en la parte tercera, to-
do un capítulo.
De los compasivos
Amigos míos, han llegado unas palabras de mofa hasta vuestro amigo: «¡Ved a Zaratus-
tra! ¿No camina entre nosotros como si fuésemos animales?»
Pero está mejor dicho así: «¡El que conoce camina entre los hombres como entre ani-
males que
son!
».
Mas, para el que conoce, el hombre mismo se llama: el animal que tiene mejillas rojas.
¿Cómo le ha ocurrido eso? ¿No es porque ha tenido que avergonzarse con demasiada
frecuencia?
¡Oh, amigos míos! Así habla el que conoce: Vergüenza, vergüenza, vergüenza - ¡ésa es
la historia del hombre!
Y por ello el noble se ordena a sí mismo no causar vergüenza: se exige a sí mismo tener
pudor ante todo lo que sufre.
En verdad, yo no soporto a ésos, a los misericordiosos que son bienaventurados en su
compasión
156
: les falta demasiado el pudor.
Si tengo que ser compasivo, no quiero, sin embargo, ser llamado así; y si lo soy, enton-
ces prefiero serlo desde lejos.
Con gusto escondo también la cabeza y me marcho de allí antes de ser reconocido: ¡y
así os mando obrar a vosotros, amigos míos!
¡Quiera mi destino poner siempre en mi senda a gentes sin sufrimiento, como vosotros,
y a gentes con quienes me sea lícito tener en común la esperanza y la comida y la miel!