Así me dijo el demonio una vez: «También Dios tiene su infierno: es su amor a los
hombres.»
Y hace poco le oí decir esta frase: «Dios ha muerto; a causa de su compasión por los
hombres ha muerto Dios»
160
. -
Por ello, estad prevenidos contra la compasión:
¡de ella
continúa viniendo a los hom-
bres una nube! ¡En verdad, yo entiendo de señales del tiempo!
Mas recordad también esta frase: todo gran amor está por encima incluso de toda su
compasión: pues él quiere además - ¡crear lo amado!
«De mí mismo hago ofrecimiento a mi amor,
y
de mi prójimo igual que de mí»-
éste es
el lenguaje de todos los creadores.
Mas todos los creadores son duros. –
Así habló Zaratustra.
156
Cita de la bienaventuranza de Jesús
(Evangelio de Mateo,
5, 7):
«Bienaventurados los misericordiosos,
porque ellos alcanzarán misericordia.»
157
Véase, en la cuarta parte,
El más feo de los hombres,
cómo el propio Zaratustra practica esta doctrina
al encontrarse con el más feo de los hombres.
158
En la cuarta parte, La Cena, el mendigo voluntario recordará a Zaratustra esta frase.
159
Véase, en esta segunda parte,
De la redención,
donde Zaratustra aplica irónicamente esta doctrina a sí
mismo.
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Los cuatro párrafos que van desde «Ay, ¿en qué lugar? ...» hasta aquí fueron colocados por Nietzsche
como motto al frente de la cuarta parte de esta obra
.
Y
en el capítulo de esa misma parte titulado
Jubilado,
Zaratustra pregunta con curiosidad al viejo papa si es cierto que Dios murió de esa manera: «de compa-
sión».
De los sacerdotes
Y una vez Zaratustra hizo una señal a sus discípulos y les dijo estas palabras:
«Ahí hay sacerdotes: y aunque son mis enemigos, ¡pasad a su lado en silencio y con la
espada dormida!
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También entre ellos hay héroes; muchos de ellos han sufrido demasiado - : por esto
quieren hacer sufrir a otros.
Son enemigos malvados: nada es más vengativo que su humildad. Y fácilmente se en-
sucia quien los ataca.
Pero mi sangre está emparentada con la suya; y yo quiero que mi sangre sea honrada
incluso en la de ellos». -
Y cuando hubieron pasado a su lado le acometió a Zaratustra el dolor; y no había lu-
chado mucho tiempo con el dolor cuando empezó a hablar así:
Me da pena de estos sacerdotes. También repugnan a mi gusto; mas esto es para mí lo
de menos desde que estoy entre hombres.
Pero yo sufro y he sufrido con ellos: prisioneros son para mí, y marcados. Aquel a
quien ellos llaman redentor los arrojó en cadenas: -
¡En cadenas de falsos valores y de palabras ilusas! ¡Ay, si alguien los redimiese de su
redentor!
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En una isla creyeron desembarcar en otro tiempo, cuando el mar los arrastró lejos; pero
mira, ¡era un monstruo dormido!
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Falsos valores y palabras ilusas: ésos son los peores monstruos para los mortales, - lar-
go tiempo duerme y aguarda en ellos la fatalidad.
Mas al fin ésta llega y vigila y devora y se traga aquello que construyó tiendas para sí
encima de ella.