Demasiado semejantes son todavía entre sí. En verdad, también al más grande lo he en-
contrado - ¡demasiado humano! -
Así habló Zaratustra.
161
«La espada dormida» es imagen que Nietzsche vuelve a usar en la tercera parte,
De tablas viejas y
nuevas,
21.
162
Alusión irónica al último verso de la ópera Parsifal:
«Erlösung dem Erlóser»
(redención para el Re-
dentor).
163
Reminiscencia de lo que, en
Las mil y una noches,
le ocurre a Sindbad el marino en su primer viaje:
desembarca sobre el lomo de un pez enorme, creyendo que se trata de una isla.
164
Estos tres últimos párrafos transparentan la vivencia nietzscheana de las iglesias católicas de Italia y,
en general, de todo templo. Nietzsche había visto en Roma cómo los peregrinos subían de rodillas la Santa
Scala; véase carta escrita desde Roma, en mayo de 1883,
a F. Overbeck, donde cuenta esto. A este «subir
de rodillas» contrapone Zaratustra el «subir volando».
165
Véase, en la tercera parte, Los siete sellos, 2,
donde Zaratustra repite esta misma descripción.
166
«Tribulación embozada» es calificación que Zaratustra volverá a aplicar al sacerdote en la cuarta par-
te,
Jubilado.
167
Sobre el sacerdote como pastor véase la explicación de Nietzsche en
La genealogía de la moral.
168
Sobre la sangre como demostración de la verdad puede verse el 53
de
El Anticristo.
De los virtuosos
Con truenos y con celestes fuegos artificiales hay que hablar a los sentidos flojos y
dormidos.
Pero la voz de la belleza habla quedo: sólo se desliza en las almas más despiertas.
Suavemente vibró y rió hoy mi escudo; éste es el sagrado reír y vibrar de la belleza.
De vosotros, virtuosos, se rió hoy mi belleza. Y así llegó la voz de ésta hasta mí:
«¡Ellos quieren además - ser pagados!»
¡Vosotros queréis ser pagados además, virtuosos! ¿Queréis tener una recompensa a
cambio de la virtud, y el cielo a cambio de la tierra, y la eternidad a cambio de vuestro
hoy?
¿Y os irritáis conmigo porque enseño que no existe ni remunerador ni pagador? Y en
verdad, ni siquiera enseño que la virtud sea su propia recompensa.
Ay, esto es lo que me aflige: mentirosamente se ha situado en el fondo de las cosas re-
compensa y castigo - ¡y ahora también en el fondo de vuestras almas, virtuosos!
Mas, semejante al hocico del jabalí, mi palabra debe desgarrar el fondo de vuestras al-
mas; reja de arado
169
quiero ser para vosotros.
Todos los secretos de vuestro fondo deben salir a luz; y cuando vosotros yazgáis al sol
hozados y destrozados, entonces también vuestra mentira estará separada de vuestra ver-
dad.
Pues ésta es vuestra verdad:
sois demasiado limpios
para la suciedad de estas palabras:
venganza, castigo, recompensa, retribución.
Vosotros amáis vuestra virtud como la madre a su hijo; pero ¿cuándo se ha oído decir
que una madre quisiera ser pagada por su amor?
Vuestro sí-mismo más querido es vuestra virtud. Sed de anillo hay en vosotros: para
volver a alcanzarse a sí mismo lucha y gira todo anillo.
Y semejante a la estrella que se extingue es toda obra de vuestra virtud: su luz continúa
estando siempre en camino y en marcha - ¿y cuándo dejará de estar en camino?
Así la luz de vuestra virtud continúa estando en camino aunque ya la obra esté hecha.
Ésta puede estar olvidada y muerta: su rayo de luz vive todavía y camina.
Que vuestra virtud sea vuestro sí-mismo, y no algo extraño, una piel, un manto: ¡ésa es
la verdad que brota del fondo de vuestra alma, virtuosos! -