Así serán consolados; e igual que ellos, también vosotros, amigos míos, tendréis vues-
tros consuelos - ¡y nuevas conchas multicolores! -
Así habló Zaratustra.
169
La reja del arado
es el título que Nietzsche pensó dar en un principio a su obra Aurora.
170
En esta misma segunda parte,
De los doctos,
repetirá Zaratustra esta irónica metáfora de los relojes,
aplicándola allí a los «doctos».
171
Nietzsche puede afirmar que, en alemán, «yo soy justo» suena igual que «yo soy vengado», valiéndo-
se de la semejanza fonética existente en aquella lengua entre ambas expresiones:
ich bin
ge
recht
(yo soy
justo),
ich bin gerácht
(yo estoy vengado).
172
Paráfrasis del
Evangelio de Mateo,
23, 12: «Pues el que se ensalce será humillado; y el que se humille
será ensalzado.»
173
En
Más allá del bien y del mal
hace Nietzsche la siguiente variación sobre este pensamiento: «Quien
no
quiere
ver lo elevado de un hombre fija su vista de un modo tanto más penetrante en aquello que en él es
bajo y superficial -traicionándose a sí mismo con ello.» La variación fundamental está en el paso de «no
ser
capaz
de ver» (aquí) a
«no querer ver»
(allí).
174
Véase, en la parte tercera,
De tablas viejas y nuevas,
2,
donde Zaratustra volverá a reprobar la vieja
presunción de los hombres de saber ya hace mucho tiempo qué es el bien y el mal para ellos.
De la chusma
La vida es un manantial de placer; pero donde la chusma va a beber con los demás, allí
todos los pozos quedan envenenados.
Por todo lo limpio siento inclinación; pero no soporto ver los hocicos de mofa y la sed
de los impuros.
Han lanzado sus ojos al fondo del pozo: ahora me sube del pozo el reflejo de su repug-
nante sonrisa.
El agua santa la han envenenado con su lascivia; y como llamaron placer a sus sucios
sueños, han envenenado incluso las palabras.
Se enfada la llama cuando ellos ponen al fuego sus húmedos corazones; también el es-
píritu borbotea y humea cuando la chusma se acerca al fuego.
Dulzona y excesivamente blanda se pone en su mano la fruta: al árbol frutal su mirada
lo vuelve fácil de desgajar por el viento y le seca el ramaje.
Y más de uno que se apartó de la vida, se apartó tan sólo de la chusma: no quería com-
partir pozo y llama y fruta con la chusma.
Y más de uno que se marchó al desierto y padeció sed con los animales rapaces, única-
mente quería no sentarse con camelleros sucios en torno a la cisterna.
Y más de uno que vino como aniquilador y como granizada para todos los campos de
frutos, sólo quería meter su pie en la boca de la chusma y así tapar su gaznate.
Y el bocado que más se me ha atragantado no es saber que la vida misma necesita ene-
mistad y muerte y cruces de tortura: -
Sino que una vez pregunté, y casi me asfixié con mi pregunta: ¿Cómo? ¿La vida tiene
necesidad
también de la chusma? ¿Se necesitan pozos envenenados, y fuegos malolien-
tes, y sueños ensuciados, y gusanos en el pan de la vida?
¡No mi odio, sino mi náusea es la que se ha cebado insaciablemente en mi vida! ¡Ay, a
menudo me cansé del espíritu cuando encontré que también la chusma es rica de espíritu!
Y a los que dominan les di la espalda cuando vi lo que ellos llaman ahora dominar: cha-
lanear y regatear por el poder - ¡con la chusma!
Entre pueblos de lengua extraña he habitado con los oídos cerrados: para que la lengua
de su chalaneo permaneciese extraña a mí, y su regatear por el poder.
Y tapándome la nariz he pasado con disgusto a través de todo ayer y todo hoy: ¡en ver-
dad, todo ayer y todo hoy hiede a chusma que escribe!