Si fuera de otro modo, los tarántulas enseñarían algo distinto: y justamente ellos fueron
en otro tiempo los que mejor calumniaron el mundo y quemaron herejes.
Con estos predicadores de la igualdad no quiero ser yo mezclado ni confundido. Pues
a
mí
la justicia me dice así: «los hombres no son iguales»
178
.
¡Y tampoco deben llegar a serlo! ¿Qué sería mi amor al superhombre si yo hablase de
otro modo?
Por mil puentes y veredas deben los hombres darse prisa a ir hacia el futuro, y débese
implantar entre ellos cada vez más guerra y desigualdad: ¡así me hace hablar mi gran
amor!
¡Inventores de imágenes y de fantasmas deben llegar a ser en sus hostilidades, y con sus
imágenes y fantasmas deben combatir aún unos contra otros la batalla suprema!
Bueno y malo, y rico y pobre, y elevado y minúsculo, y todos los nombres de los valo-
res: ¡armas deben ser, y signos ruidosos de que la vida tiene que superarse continuamente
a sí misma!
Hacia la altura quiere edificarse, con pilares y escalones, la vida misma: hacia vastas le-
janías quiere mirar, y hacia bienaventurada belleza, -
¡por eso
necesita altura!
¡Y como necesita altura, por eso necesita escalones, y contradicción entre los escalones
y los que suben! Subir quiere la vida, y subiendo, superarse a sí misma.
¡Y ved, amigos míos! Aquí, donde está la caverna de la tarántula, levántanse hacia arri-
ba las ruinas de un viejo templo - ¡contempladlo con ojos iluminados!
¡En verdad, quien en otro tiempo elevó aquí en piedra sus pensamientos como una to-
rre, ése sabía del misterio de toda vida tanto como el más sabio!
Que existen lucha y desigualdad incluso en la belleza, y guerra por el poder y por el so-
brepoder: esto es lo que él nos enseña aquí con símbolo clarísimo
179
.
Igual que aquí bóvedas y arcos divinamente se derrumban, en lucha a brazo partido:
igual que con luz y sombra ellos, los llenos de divinas aspiraciones, se oponen recípro-
camente -
¡Así, con igual seguridad y belleza, seamos tambien nosotros enemigos, amigos míos!
¡Divinamente queremos
oponernos
unos a otros en nuestras aspiraciones! -
¡Ay! ¡A mí mismo me ha picado la tarántula, mi vieja enemiga! ¡Divinamente segura y
bella me ha picado en el dedo! «Castigo tiene que haber, y justicia - así piensa ella: ¡no
debe cantar él aquí de balde cánticos en honor de la enemistad!»
¡Sí, se ha vengado! Y ¡ay!, ¡ahora, con la venganza, producirá vértigo también a mi al-
ma!
Mas para que yo
no
sufra vértigo, amigos míos, ¡atadme fuertemente aquí a esta co-
lumna!
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¡Prefiero ser un santo estilita que remolino de la venganza!
En verdad, no es Zaratustra un viento que dé vueltas, ni un remolino; y si es un bailarín,
¡nunca será un bailarín picado por la tarántula!
181
-
Así habló Zaratustra.
177
Este apartado es un ejemplo más de la «atmósfera italiana» de esta segunda parte de
Así habló Zara-
tustra.
De ese modo se entiende igualmente la alusión final a la «tarantela».
178
Véase, en esta segunda parte,
De los doctos.
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Variación sobre el fragmento 51 (Diels-Kranz) de Heraclito: «No entienden cómo, al diverger, se
converge consigo mismo: armonía propia del tender en direcciones opuestas, como la del arco y la de la
lira».
180
Reminiscencia clásica: también Ulises pide a sus compañeros que lo aten al mástil de la nave para no
ser arrastrado por los cantos de las sirenas. Véase
Odisea,
canto XII.
181
La traducción castellana manifiesta sólo uno de los dos sentidos que tiene simultáneamente la expre-
sión alemana
Tarantel-Tänzer:
el que baila la tarantela y el que gira bailando por haber sido picado por una