Con vuestros valores y vuestras palabras del bien y del mal ejercéis violencia, valorado-
res: y ése es vuestro oculto amor, y el brillo, el temblor y el desbordamiento de vuestra
propia alma.
Pero una violencia más fuerte surge de vuestros valores, y una nueva superación: al
chocar con ella se rompen el huevo y la cáscara.
Y quien tiene que ser un creador en el bien y en el mal
202
: en verdad, ése tiene que ser
antes un aniquilador y quebrantar valores.
Por eso el mal sumo forma parte de la bondad suma: mas ésta es la bondad creadora. -
Hablemos de esto, sapientísimos, aunque sea desagradable. Callar es peor; todas las
verdades silenciadas se vuelven venenosas.
¡Y que caiga hecho pedazos todo lo que en nuestras verdades - pueda caer hecho peda-
zos! ¡Hay muchas casas que construir todavía!
Así habló Zaratustra.
198
En sus manuscritos Nietzsche había previsto para este capítulo también el título:
Del bien y del mal.
En él desarrolla ampliamente Nietzsche el tema de la «voluntad de poder», ya aparecido an tes; véase, en
Los discursos
de
Zaratustra,
el titulado
De las mil metas y de la única meta;
y la nota 94.
199
Posible alusión irónica a La
nave de los locos,
el poema alegórico y satírico de Sebastian Brant.
200
Recuérdese lo dicho en la nota 198
sobre el primitivo título de este apartado.
201
La expresión «voluntad de existir» es de Schopenhauer.
202
En
Ecce homo,
«¿Por qué soy un destino?», 2
,
cita Nietzsche esta frase, con una significativa varia-
ción: donde aquí dice: «tiene que»
(muss),
allí dice: «quiere»
(will).
De los sublimes
Silencioso es el fondo de mi mar: ¡quién adivinaría que esconde monstruos juguetones!
Imperturbable es mi profundidad: mas resplandece de enigmas y risas flotantes.
Hoy he visto un sublime, un solemne, un penitente del espíritu
203
: ¡oh, cómo se rió mi
alma de su fealdad!
Con el pecho levantado, y semejante a quienes están aspirando aire: así estaba él, el su-
blime, y callaba:
Guarnecido de feas verdades, su botín de caza, y con muchos vestidos desgarrados;
también pendían de él muchas espinas - pero no vi ninguna rosa.
Aún no había aprendido la risa ni la belleza. Sombrío volvía este cazador del bosque
del conocimiento.
De luchar con animales salvajes volvía a casa: mas desde su seriedad continúa mirando
un animal salvaje - ¡un animal no vencido aún!
Ahí continúa estando, como un tigre que quiere saltar; pero a mí no me agradan esas
almas tensas, a mi gusto le repugnan todos esos contraídos.
¿Y vosotros me decís, amigos, que no se ha de disputar sobre el gusto y el sabor? ¡Pero
toda vida es una disputa por el gusto y por el sabor!
204
Gusto: es el peso y, a la vez, la balanza y el que pesa; ¡y ay de todo ser vivo que quisie-
ra vivir sin disputar por el peso y por la balanza y por los que pesan!
Si este sublime se fatigase de su sublimidad: entonces comenzaría su belleza, - sólo en-
tonces quiero yo gustarlo y encontrarlo sabroso.
Y sólo cuando se aparte de sí mismo saltará por encima de su propia sombra - y, ¡en
verdad!, penetrará en su sol. Demasiado tiempo ha estado sentado en la sombra, pálidas
se le han puesto las mejillas al penitente del espíritu; casi murió de hambre a causa de sus
esperas.