205
Véase la nota 9.
Del país de la cultura
206
Demasiado me había adentrado yo volando en el futuro: un estremecimiento de horror
se apoderó de mí.
Y cuando miré a mi alrededor, he aquí que el tiempo era mi único contemporáneo.
Entonces huí hacia atrás, hacia el hogar - y cada vez más aprisa: así llegué a vosotros,
hombres del presente, y al país de la cultura.
Por vez primera llevaba yo conmigo unos ojos para veros, y buenos deseos: en verdad,
con anhelo en el corazón llegué.
Mas, ¿qué me ocurrió? A pesar de mi angustia - ¡tuve que echarme a reír! ¡Nunca habí-
an visto mis ojos algo tan abigarrado!
Yo reía y reía mientras el pie aún me temblaba, así como el corazón: «¡Ésta es sin duda
la patria de todos los tarros de colores!» - dije.
Con cincuenta chafarrinones teníais pintados el rostro y los miembros: ¡así estabais sen-
tados, para mi asombro, hombres del presente!
¡Y con cincuenta espejos a vuestro alrededor, que halagaban el juego de vuestros colo-
res y lo reproducían!
¡En verdad, no podríais llevar mejor máscara, hombres del presente, que vuestro propio
rostro! ¡Quién podría -
reconoceros!
Emborronados con los signos del pasado, los cuales estaban a su vez embadurnados con
otros signos: ¡así os habéis escondido bien de todos los intérpretes de signos!
Y aun cuando se sea un escrutador de riñones
207
: ¡quién creerá que vosotros tenéis ri-
ñones! De colores parecéis estar amasados, y de papeles encolados.
Todas las épocas y todos los pueblos miran abigarradamente desde vuestros velos; to-
das las costumbres y todas las creencias hablan abigarradamente desde vuestros gestos
208
.
Quien os quitase velos y aderezos y colores y gestos: todavía tendría bastante para es-
pantar a los pájaros con el resto.
En verdad, yo mismo soy el pájaro espantado que una vez os vio desnudos y sin colo-
res; y me escapé volando de allí cuando el esqueleto me hizo señas amorosas.
¡Preferiría ser jornalero en el submundo y entre las sombras del pasado!
209
- ¡más grue-
sos y rellenos que vosotros son ciertamente los habitantes del submundo!
¡Esto, sí, esto es amargura para mis intestinos, el no soportaros ni desnudos ni vestidos
a vosotros, los hombres del presente!
Todas las cosas siniestras del futuro, y todas las que alguna vez espantaron a pájaros
extraviados, más confortables son, en verdad, y más familiares que vuestra «realidad».
Pues habláis así: «Nosotros somos enteramente reales, y ajenos a la fe y a la supersti-
ción»: así hincháis el pecho - ¡ay, aunque ni siquiera tenéis pechos!
Sí, ¡cómo ibais a
poder
creer vosotros, gentes salpicadas de múltiples colores! - ¡si sois
estampas de todo lo que alguna vez fue creído!
Refutaciones ambulantes sois de la fe misma, y una dislocación de todos los pensa-
mientos.
Indignos de fe:
¡así os llamo yo a vosotros, reales!
Todas las épocas han parloteado unas contra otras en vuestros espirítus; ¡y los sueños y
parloteos de todas las épocas eran más reales incluso que vuestra vigilia!
Estériles sois:
por eso
os
falta a vosotros la fe. Pero el que tuvo que crear, ése tuvo
siempre también sus sueños proféticos y sus signos estelares - ¡y creía en la fe! -
Puertas entreabiertas sois vosotros, junto a las cuales aguardan sepultureros. Y ésta es
vuestra
realidad: «Todo es digno de perecer»
210
.