Así habló Zaratustra.
223
Parodia de la conocida frase del final del
Fausto
de Goethe (versos
12104-12105).
Dado que este ca-
pítulo
De
los
poetas
es una parodia constante de ese pasaje, se lo reproduce a continuación en su integridad.
Se trata de las palabras del
Chorus mysticus,
que constituyen los ocho versos finales del
Fausto:
Todo lo perecedero
Es sólo un símbolo.
Lo insuficiente
Se hace aquí acontecimiento;
Lo indescriptible
Se ha hecho aquí;
Lo eterno-femenino
Nos arrastra hacia lo alto.
224
Véase antes
En las islas afortunadas,
la nota 153.
225
Hay aquí un eco de la paradoja lógica llamada de Epiménides. Zaratustra dice que los poetas mienten;
mas también Zaratustra es un poeta; luego miente al decir que los poetas mienten, etc.
226
Cita, invirtiendo el sentido, del
Evangelio de Marcos,
16, 16:
«El que crea... será bienaventurado»
(palabras de Jesús a sus discípulos poco antes de su ascensión al cielo). El texto alemán
(selig machen),
con
su posibilidad de significar también «embobar», encierra un matiz irónico. Véase, en la tercera parte,
De
los apóstatas,
2.
227
Véase la nota 223.
Continúa la parodia del texto de Goethe.
228
Véase la nota 223.
229
Reminiscencia de Shakespeare,
Hamlet,
acto I, escena 5, palabras de Hamlet a Horacio: «Hay algo
más en el cielo y en la tierra, Horacio, que lo que ha soñado tu filosofía.»
230
Nietzsche juega aquí en alemán con las palabras de sonido muy similar
Gleichnis
(símbolo) y
Ersch-
leichnis
(amaño); esta última es invención suya, derivada del verbo
erschleichen
(obtener algo capciosa-
mente). Nietzsche había empleado
ya este mismo juego verbal en la poesía A
Goethe,
de las
Canciones del
Príncipe Vogelfrei
(apéndice de
La gaya ciencia):
¡Lo imperecedero
no es más que símbolo tuyo!
Dios, el capcioso,
es amaño de poetas...
231
Véase la nota 223.
232
Véase la nota 223. Aquí termina la parodia del
Chorus mysticus
del
Fausto.
Como se ve, Nietzsche ha
citado en su integridad los ochos versos del
Fausto.
233
Cita y a la vez antítesis de
Job,
8, 9: «Nosotros somos de ayer, no sabemos nada; pues nuestros días
son una sombra sobre el suelo». Zaratustra reivindica para sí el ser también del mañana y del futuro.
234
Reminiscencia de
Evangelio de Mateo,
7, 9: «¿O hay acaso alguno entre
vosotros que al hijo que le
pide pan le da una piedra?»
235
Véase, en la cuarta parte,
El mago,
2, donde Zaratustra vuelve a emplear la misma imagen para refe-
rirse
al mar.
236
Véase la nota 203.
237
Un primer título pensado por Nietzsche para este capítulo era
Del perro de fuego.
El título definitivo,
De grandes acontecimientos,
encierra un matiz irónico.
De grandes acontecimientos
237
Hay una isla en el mar - no lejos de las islas afortunadas de Zaratustra - en la cual
humea constantemente una montaña de fuego; de aquella isla dice el pueblo, y especial-
mente las viejecillas del pueblo, que está colocada como un peñasco delante de la puerta
del submundo: y que a través de la montaña misma de fuego desciende el estrecho sende-
ro que conduce hasta esa puerta del submundo
238
.
Por el tiempo en que Zaratustra habitaba en las islas afortunadas ocurrió que un barco
echó el ancla junto a la isla en que se encuentra la montaña humeante; y su tripulación
bajó a tierra para cazar conejos. Hacia la hora del mediodía, cuando el capitán y su gente
estuvieron reunidos de nuevo, vieron de pronto que por el aire venía hacia ellos un hom-
bre, y que una voz decía con claridad: «¡Ya es tiempo! ¡Ya ha llegado la hora!» Y cuando