Y yo respondí: «Mi voz no ha transladado aún montañas, y lo que he dicho no ha llega-
do a los hombres. Yo he ido sin duda a los hombres, pero todavía no he llegado hasta
ellos»
273
.
Entonces algo me habló de nuevo sin voz: «¡Qué sabes tú
de eso!
El rocío cae sobre la
hierba cuando la noche está más callada que nunca». -
Y yo respondí: «Ellos se burlaron de mí cuando encontré mi propio camino y marché
por él; y, en verdad, mis pies temblaban entonces.
Y así me dijeron: ¡has olvidado el camino, y ahora olvidas también hasta el andar!»
Entonces algo me habló de nuevo sin voz: «¡Qué importa su burla! Tú eres uno que ha
olvidado el obedecer: ¡ahora debes mandar!
¿No sabes
quién
es el más necesario de todos? El que manda grandes cosas.
Realizar grandes cosas es difícil: pero más difícil es mandarlas.
Esto es lo más imperdonable en ti: tienes poder, y no quieres dominar.» -
Y yo respondí: «Me falta la voz del león para mandar».
Entonces algo me habló de nuevo como un susurro: «Las palabras más silenciosas son
las que traen la tempestad. Pensamientos que caminan con pies de paloma dirigen el
mundo
274
.
Oh Zaratustra, debes caminar como una sombra de lo que tiene que venir: así mandarás
y, mandando, precederás a otros.» -
Y yo respondí: «Me avergüenzo».
Entonces algo me habló de nuevo sin voz: «Tienes que hacerte todavía niño y no tener
vergüenza.
El orgullo de la juventud está todavía sobre ti, tarde te has hecho joven: pero el que
quiere convertirse en niño tiene que superar incluso su juventud.» -
Y yo reflexioné durante largo tiempo, y temblaba. Pero acabé por decir lo que había di-
cho al comienzo: «No quiero».
Entonces oí risas a mi alrededor. ¡Ay, cómo esas risas me desgarraron las entrañas y me
hendieron el corazón!
Y por última vez algo me habló: «¡Oh Zaratustra, tus frutos están maduros, pero tú no
estás maduro para tus frutos! Por ello tienes que volver de nuevo a la soledad: pues debes
ponerte tierno aún.» -
Y de nuevo oí risas que huían: entonces lo que me rodeaba quedó silencioso, como con
un doble silencio. Yo yacía por el suelo, y el sudor me corría por los miembros.
-Ahora habéis oído todo, y por qué tengo yo que regresar a mi soledad. No os he calla-
do nada, amigos míos.
Pero también me habéis oído decir
quién
sigue siendo el más silencioso de todos los
hombres - ¡y quiere serlo!
¡Ay, amigos míos! ¡Yo tendría aún algunas cosas que deciros, yo tendría aún algunas
que daros!
275
¿Por qué no las doy? ¿Acaso soy avaro? -
Y cuando Zaratustra hubo dicho estas palabras lo asaltó la violencia del dolor y la
proximidad de la separación de sus amigos, de modo que lloró sonoramente; y nadie sa-
bía consolarlo. Y durante la noche se marchó solo y abandonó a sus amigos
276
.
269
«Endurecer el corazón contra alguien» es expresión bíblica. Como tantas otras veces, Nietzsche usa en
alemán la traducción de Lutero. Véase
Deuteronomio,
15, 7:
«No endurezcas el corazón ni cierres la mano
a tu hermano pobre».
270
Lo que viene a continuación es un remedo de la conversación entre Dios y Moisés narrada en
Éxodo,
4, 10 y ss. En ella Moisés recurre a diversos pretextos para negarse a ejecutar el mandato de Yahvé; tam-
bién aquí Zaratustra se niega a «decir la palabra» del eterno retorno.
271
Paráfrasis de las palabras de Juan el Bautista en el
Evangelio de Mateo,
3, 11:
«El que viene detrás de
mí es más fuerte que yo, y no merezco ni quitarle las sandalias.»