272
Véase la nota 184.
273
Sarcasmo de Zaratustra contra sí mismo, remedando las palabras del
Prólogo
del
Evangelio de Juan,
1,11:
«La Palabra vino a su casa, y los suyos no la recibieron.»
274
Párrafo citado por Nietzsche en
Ecce homo,
como ejemplo del «sonido alciónico» que sale de la boca
de Zaratustra.
275
Paráfrasis del
Evangelio de Juan,
16, 12:
«Todavía muchas cosas tengo que deciros, pero ahora no
podríais con ellas» (palabras de Jesús en la Cena).
276
Véase la nota 240.
Tercera parte de
Así habló Zaratustra
Vosotros miráis hacia arriba cuando deseáis
elevación. Y yo miro hacia abajo, porque estoy
elevado.
¿Quién de vosotros puede a la vez reír y estar
elevado?
Quien asciende a las montañas más altas se
ríe de todas las tragedias, de las del teatro y de las
de la vida.
Zaratustra,
Del leer y el escribir, I.
El caminante
Fue alrededor de la medianoche cuando Zaratustra emprendió su camino sobre la cresta
de la isla para llegar de madrugada a la otra orilla: pues en aquel lugar quería embarcarse.
Había allí, en efecto, una buena rada, en la cual gustaban echar el ancla incluso barcos
extranjeros; éstos recogían a algunos que querían dejar las islas afortunadas y atravesar el
mar. Mientras Zaratustra iba subiendo la montaña pensaba en las muchas caminatas soli-
tarias que había realizado desde su juventud y en las muchas montañas y crestas y cimas
a que ha había ascendido.
Yo soy un caminente yun escalador de montañas, decía a su corazón, no me gustan las
llanuras, y parece que no puedo estarme sentado tranquilo largo tiempo.
Y sea cual sea mi destino, sean cuales sean las vivencias que aún haya yo de experi-
mentar, - siempre habrá en ello un caminar y un escalar montañas: en última instancia
uno no tiene vivencias más que de sí mismo
277
.
Pasó ya el tiempo en que era lícito que a mí me sobrevinieran acontecimientos casuales;
¡y qué
podría
ocurrirme todavía que no fuera ya algo mío!
Lo único que hace es retornar, por fin vuelve a casa - mi propio sí-mismo y cuanto de él
estuvo largo tiempo en tierra extraña y disperso entre todas las cosas y acontecimientos
casuales.
Y
una
cosa más sé: me encuentro ahora ante mi última cumbre y ante aquello que du-
rante más largo tiempo me ha sido ahorrado. ¡Ay, mi más duro camino es el que tengo
que subir! ¡Ay, he comenzado mi caminata más solitaria!
Pero quien es de mi especie no se libra de semejante hora: de la hora que le dice: «¡Sólo
en este instante recorres tu camino de grandeza! ¡Cumbre y abismo - ahora eso está fun-
dido en
una sola cosa!
Recorres tu camino de grandeza: ¡ahora se ha convertido en tu último refugio lo que
hasta el momento se llamó tu último peligro!
Recorres tu camino de grandeza: ¡ahora es necesario que tu mejor valor consista en que
no quede ya ningún camino a tus espaldas!